Salud
Un estudio de Monash University vincula la aspirina con menor riesgo de demencia en portadores de ciertos genes, aunque aumenta el sangrado grave.

El análisis realizado por investigadores de la Universidad Monash reveló que la ingesta de aspirina a dosis bajas se asocia con una reducción del 70 % en el riesgo relativo de desarrollar demencia, pero únicamente en adultos mayores que poseen un perfil genético concreto. Este hallazgo, publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, sugiere que la predisposición hereditaria podría determinar quién obtiene beneficios preventivos del fármaco.
Los expertos examinaron datos genéticos de más de 13.500 participantes del ensayo ASPREE (Aspirin in Reducing Events in the Elderly). El objetivo consistía en comparar puntuaciones genéticas para dilucidar si las diferencias heredadas explicaban la variabilidad en los resultados clínicos. La señal más potente emergió de un marcador asociado al recuento de plaquetas, lo que llevó a los autores a clasificar a los sujetos según este índice y contrastar los desenlaces entre quienes recibían aspirina y quienes tomaban placebo.
Dentro del grupo situado en el percentil superior del 20 % respecto a dicha puntuación genética, la incidencia de demencia fue notablemente inferior en los usuarios de aspirina. Mientras que solo el 1 % de estos pacientes desarrolló la enfermedad, la cifra ascendió al 3,3 % en el grupo de control. Aunque esta disparidad representa una disminución relativa cercana al 70 %, la diferencia absoluta se situó en 2,3 puntos porcentuales, lo que equivale a evitar aproximadamente 23 casos de demencia por cada 1.000 personas tratadas.
Peter Fransquet, investigador principal y miembro de la Escuela de Salud Pública y Medicina Preventiva de Monash, señaló que estos datos podrían impulsar estrategias de prevención personalizadas. Según Fransquet, los ensayos previos no detectaron efectos protectores globales porque evaluaban a la población sin distinciones genéticas. Su equipo observó menos casos de demencia en portadores de este perfil específico, abriendo la posibilidad de identificar futuros candidatos a tratamiento preventivo mediante análisis genéticos, superando así el enfoque único para todos.
La protección potencial contra la demencia conlleva, no obstante, un incremento significativo en el riesgo de sangrado mayor. En el mismo subgrupo genético, el 4,4 % de los participantes tratados con aspirina sufrió episodios hemorrágicos graves, frente al 2,1 % registrado en el brazo de placebo. Esta brecha implica unos 23 eventos adicionales de sangrado grave por cada 1.000 individuos expuestos al fármaco, lo que obliga a ponderar cuidadosamente el balance beneficio-riesgo antes de recomendar su uso generalizado.
Fransquet destacó que la señal identificada no estaba vinculada a los factores de riesgo genético establecidos para la enfermedad de Alzheimer ni otras formas de demencia. Por el contrario, apunta hacia la biología plaquetaria, ofreciendo una nueva vía de investigación sobre cómo la activación y agregación de estas células sanguíneas podrían influir en el deterioro cognitivo, un área donde el papel del recuento total de plaquetas permanecía poco claro hasta ahora.
La relevancia clínica de estos hallazgos es considerable dado que Dementia Australia estima que 446.500 ciudadanos viven actualmente con demencia en 2026, proyectando que la cifra superará el millón de afectados para 2065. No obstante, los autores aclaran que el estudio identifica un grupo susceptible de investigación futura, sin establecer aún una estrategia terapéutica definitiva. Se requiere confirmar estos resultados en otros estudios y diseñar ensayos clínicos específicos para portadores de este perfil genético.
El equipo advierte explícitamente que las personas no deben comenzar a tomar aspirina como medida preventiva basándose únicamente en esta evidencia, especialmente debido al aumento documentado del riesgo de hemorragias graves. Cualquier decisión debe consultarse con un médico. Si la hipótesis se confirma, la disponibilidad amplia y el bajo costo de la aspirina podrían facilitar la implementación de protocolos de prevención personalizados en el futuro cercano.