Salud
El aceite de semillas de grosella negra destaca por su composición química y se investiga como posible apoyo para la hidratación y el alivio de la dermatitis atópica.

El aceite extraído de las semillas de la grosella negra, planta conocida científicamente como Ribes nigrum L y originaria de Europa Central y el norte de Asia, ha despertado interés creciente en nutrición, salud y cosmética debido a su compleja composición química.
Esta planta, perteneciente a la familia de las bayas, produce frutos oscuros que contienen semillas comestibles, ya sea frescas o cocidas. Los frutos se caracterizan por su alto contenido en ácidos fenólicos, ácidos orgánicos, ácidos grasos poliinsaturados y compuestos fenólicos, especialmente antocianinas, responsables de su color oscuro y propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antimicrobianas. Investigaciones preliminares sugieren que estos compuestos podrían reducir riesgos asociados a enfermedades cardiovasculares.
El aceite de semillas de grosella negra es una fuente natural rica en ácidos grasos, que representan aproximadamente el 88,6% de su composición. Destaca por un equilibrio notable entre ácidos grasos omega-6 y omega-3, con una proporción cercana a 3,3. Entre sus componentes se encuentran ácido linolénico, ácido gamma-linolénico, ácido alfa-linolénico, ácido estearidónico, ácido oleico y ácido palmítico, además de otros compuestos como tocochromanoles y fitoesteroles.
Esta composición ha impulsado su uso en la industria cosmética y farmacéutica, y ha motivado investigaciones sobre sus posibles beneficios en problemas dermatológicos, especialmente la dermatitis atópica o eccema.
La dermatitis atópica es una enfermedad cutánea crónica y alérgica que provoca inflamación, enrojecimiento y aparición de placas irritadas en la piel, acompañadas frecuentemente de prurito intenso, que suele empeorar por la noche. Este trastorno puede generar dolor, alteraciones del sueño y ansiedad en quienes la padecen.
Aproximadamente el 80% de los casos se manifiestan durante la infancia. La incidencia global varía entre el 2,7% y el 20% en niños, y entre el 2% y el 10% en adultos. La etiología es multifactorial, involucrando factores inmunológicos, genéticos y ambientales. Datos indican que si uno de los padres tiene dermatitis atópica, el riesgo en el niño aumenta hasta un 40%, y si ambos padres la padecen, la probabilidad puede llegar al 80%.
Aunque el mecanismo exacto de la enfermedad no está completamente esclarecido, se considera que la disfunción del sistema inmunitario y la inflamación sistémica contribuyen a la gravedad de los síntomas.
A pesar de los avances médicos, las opciones terapéuticas para la dermatitis atópica siguen siendo limitadas. La respuesta a los tratamientos varía entre pacientes y algunos medicamentos pueden presentar efectos secundarios o no ser adecuados para todos los casos.
El tratamiento inicial suele basarse en cremas tópicas con corticosteroides, conocidos comúnmente como cortisona. Aunque efectivos para controlar la inflamación, su uso prolongado puede acarrear efectos adversos y, en algunos pacientes, disminución de la eficacia con el tiempo.
Por esta razón, algunos pacientes buscan alternativas naturales que puedan ser más seguras a largo plazo, con la esperanza de aliviar síntomas o reducir la dependencia de tratamientos convencionales. No obstante, se subraya que ningún sustituto debe emplearse sin supervisión médica.
Una hipótesis clave sobre la dermatitis atópica señala un defecto en la barrera cutánea, vinculado a la carencia de ciertos ácidos grasos y ceramidas, elementos esenciales para mantener la hidratación y proteger la piel de agresores externos.
Los pacientes con dermatitis atópica suelen experimentar una mayor pérdida de agua transepidérmica, lo que agrava la sequedad, el prurito y la inflamación. Por ello, la hidratación continua con productos que contengan ácidos grasos similares a los naturales de la piel podría reforzar la barrera cutánea y disminuir la sequedad.
El aceite de semillas de grosella negra contiene ácidos grasos activos que podrían contribuir a mejorar la hidratación y reducir la inflamación. Se han realizado estudios con suplementos orales y aplicaciones tópicas de aceites ricos en estos ácidos, evaluando su impacto en la dermatitis atópica.
Si bien los ensayos en animales han mostrado resultados prometedores, la evidencia clínica en humanos aún requiere mayor investigación para validar su uso como tratamiento definitivo.
Una investigación destacada fue un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Turku en Finlandia y publicado en 2010 en la revista Clinical & Experimental Allergy. El estudio evaluó el efecto de suplementos de aceite de semillas de grosella negra en la prevención de la dermatitis atópica en niños hasta los dos años.
Participaron 313 mujeres embarazadas, divididas aleatoriamente en dos grupos: 151 recibieron aceite de semillas de grosella negra y 162 aceite de oliva como placebo. La suplementación comenzó con una dosis diaria de 3 gramos entre la semana 8 y 16 de gestación, continuando durante la lactancia exclusiva. Tras el nacimiento, los bebés recibieron el mismo aceite en gotas, 1 mililitro diario, hasta los 24 meses.
Se realizaron análisis sanguíneos y cutáneos a los niños a los 3, 12 y 24 meses. A los 12 meses, la incidencia de dermatitis atópica fue del 33% en el grupo de aceite de grosella negra, frente al 47,3% en el grupo placebo. Sin embargo, esta diferencia desapareció a los 24 meses.
El estudio también destacó que el 81,7% de los padres de los niños tenían antecedentes de enfermedades atópicas, lo que aumentaba la predisposición genética a la dermatitis. Los autores sugirieron que el cambio en la dieta tras la introducción de alimentos sólidos podría haber modificado el equilibrio de ácidos grasos relacionados con la inflamación, como la proporción entre omega-3 y omega-6.
Por ello, concluyeron que el aceite de semillas de grosella negra podría ofrecer una protección temporal en etapas tempranas, pero no debe considerarse una cura definitiva para la dermatitis atópica.
Investigadores polacos liderados por Urszula Stachewicz exploraron la capacidad hidratante del aceite de semillas de grosella negra, que contiene entre un 11% y 19% de ácido gamma-linolénico. Publicaron en 2022 en la revista Chemical Engineering Journal el desarrollo de parches cutáneos fabricados con membranas de poliamida mediante electrohilado, una técnica que produce fibras nanométricas con alta porosidad y flexibilidad.
Estos parches fueron impregnados con 10 microlitros de aceite para potenciar su efecto hidratante y aplicados sobre piel sana durante seis horas. Los resultados indicaron una hidratación efectiva, lo que llevó a los autores a recomendar estudios adicionales en personas con dermatitis atópica.
Dos años después, el mismo equipo publicó en ACS Applied Materials & Interfaces una investigación que empleó parches de nanofibras de poliamida recubiertos con partículas de colesterol y aceite de semillas de grosella negra para evaluar su efecto en dermatitis atópica.
Los resultados mostraron que el aceite fue más eficaz cuando se liberó gradualmente desde los parches, gracias a la interacción con las partículas de colesterol que retardaron su liberación completa. Este mecanismo prolongó la hidratación hasta seis horas, mejoró la retención de agua y redujo su pérdida. Además, los parches disminuyeron indicadores inflamatorios y promovieron la cicatrización en piel de ratones con dermatitis atópica, aliviando síntomas molestos.
Estos hallazgos abren la posibilidad de fabricar parches como opción a largo plazo para el manejo de la dermatitis, aunque se requieren ensayos clínicos más amplios en humanos antes de su aprobación médica.
El aceite de semillas de grosella negra se perfila como un ingrediente natural prometedor para el cuidado cutáneo debido a su riqueza en ácidos grasos y compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estudios iniciales, tanto con suplementos orales como con parches tópicos, le otorgan un lugar que merece seguimiento científico.
No obstante, la evidencia disponible hasta ahora no es suficiente para considerarlo un tratamiento probado para la dermatitis atópica. Más bien, su beneficio potencial radica en apoyar la hidratación y reducir ciertos marcadores inflamatorios, especialmente en etapas específicas o mediante tecnologías de liberación controlada.
Así, aunque la grosella negra es una fruta pequeña, plantea una interrogante relevante en dermatología: si la naturaleza, comprendida científicamente y utilizada con precaución, puede ofrecer alternativas más suaves y duraderas para quienes padecen dermatitis atópica.



