Salud
Alexei Outin, especialista en cardiología, detalla cómo dos o tres tazas diarias mejoran la memoria y advierte sobre los límites del hábito.

Alexei Outin, experto en medicina y cirugía cardiovascular, ha señalado que el consumo moderado de café puede contribuir a disminuir la probabilidad de desarrollar demencia. Según sus indicaciones, la ingesta diaria no debe superar las dos o tres tazas para obtener este beneficio potencial.
Las investigaciones analizadas por el especialista revelan una correlación positiva entre esta cantidad específica de cafeína y la salud cerebral. Los individuos que mantienen este hábito presentan una reducción del 18% en el riesgo de padecer deterioro cognitivo en comparación con quienes rara vez consumen esta bebida.
Outin destaca que estos hallazgos trascienden las evaluaciones puramente objetivas. Pacientes que reportaron mejoras subjetivas en su capacidad de atención y memoria fueron corroborados mediante pruebas que mostraron un avance leve pero consistente en sus funciones cognitivas.
El médico aclara que aumentar la dosis a cuatro o más tazas al día no aporta ventajas adicionales. Asimismo, especifica que las variantes descafeinadas no ofrecen protección contra el declive mental, lo que sugiere que la cafeína juega un rol clave en este proceso.
La recomendación incluye restringir el consumo a las horas matutinas. Ingerir café durante la tarde podría comprometer tanto la duración como la calidad del sueño. El especialista explica que el sistema linfático, encargado de limpiar el cerebro, opera principalmente durante las fases profundas del descanso nocturno.
Por ello, la alteración crónica del sueño derivada de la cafeína vespertina podría, teóricamente, acelerar el deterioro cognitivo en lugar de prevenirlo.
A pesar de los beneficios observados, Outin advierte contra la exageración de estos resultados. El café no constituye una cura mágica ni una herramienta aislada de prevención, sino un componente menor dentro de un enfoque global para preservar la función cerebral.
Factores como el control estricto de la presión arterial, los niveles de grasa y azúcar en sangre, la práctica regular de ejercicio físico, el mantenimiento de buenas rutinas de sueño, la interacción social activa y el aprendizaje continuo tienen un impacto mucho más significativo en la mitigación del riesgo de demencia.



