Salud
El jugo de arándano podría potenciar antibióticos contra infecciones urinarias
Un estudio revela que el jugo de arándano mejora la eficacia de un antibiótico común contra bacterias resistentes en infecciones urinarias.

Las infecciones del tracto urinario (ITU) afectan a más de 400 millones de personas en todo el mundo cada año, y estudios epidemiológicos indican que más de la mitad de las mujeres experimentarán al menos una a lo largo de su vida. La mayoría de estas infecciones son causadas por cepas dañinas de la bacteria Escherichia coli, y el antibiótico fosfomicina es una opción común para su tratamiento inicial. Sin embargo, el aumento de la resistencia a los antibióticos ha motivado a los científicos a buscar nuevas estrategias terapéuticas.
Una investigación reciente, publicada en la revista Applied and Environmental Microbiology, señala que el jugo de arándano podría potenciar la actividad del antibiótico fosfomicina en un 72% de las cepas de E. coli uropatógenas evaluadas en laboratorio. Además, el estudio encontró una reducción en la aparición de mutaciones relacionadas con la resistencia antibiótica. Eric Déziel, Ph.D., microbiólogo del Institut National de la Recherche Scientifique en Montreal, Canadá, y autor principal del estudio, calificó los resultados como alentadores aunque preliminares.
Efectos del jugo de arándano en las bacterias
El uso del jugo de arándano como remedio popular para las infecciones urinarias se remonta a tiempo atrás. Inicialmente se atribuía su efecto a la acidez, pero investigaciones más recientes sugieren que ciertos compuestos presentes en el jugo impiden que las bacterias se adhieran a las células del revestimiento de la uretra. Hasta ahora, no se había estudiado en profundidad cómo interactúa el jugo de arándano con los antibióticos.
Los investigadores observaron que el jugo parece influir en la absorción de fosfomicina por parte de las bacterias. El antibiótico ingresa a las células bacterianas mediante los mismos canales de transporte que utilizan para absorber ciertos azúcares. Según Déziel, aunque aún no se ha identificado el compuesto responsable, algo en el jugo aumenta la captación de azúcar a través de uno de estos canales, lo que también incrementa la absorción de fosfomicina. La resistencia a los antibióticos suele desarrollarse por mutaciones que afectan otros canales de transporte de nutrientes.
Financiamiento y preguntas pendientes
El laboratorio de Déziel se especializa en estudiar la comunicación bacteriana y en buscar compuestos naturales que puedan interferir en estas señales para tratar infecciones peligrosas. Investigaciones previas de su equipo demostraron que extractos de arándano fortalecen la acción de antibióticos contra cepas bacterianas resistentes.
Estos hallazgos previos captaron la atención del Cranberry Institute, una organización que financia investigaciones sobre los efectos saludables del arándano y que apoyó el estudio actual. La institución buscaba determinar si el jugo de arándano, consumido comúnmente, podría generar efectos similares a los extractos concentrados.
“Es una pregunta muy válida. La gente realmente bebe jugo,” comentó Déziel. “No consumen esos extractos muy específicos.”
El investigador subrayó que el estudio no demuestra que beber jugo de arándano haga que los antibióticos sean más efectivos en pacientes, pero considera que los resultados justifican continuar con la investigación. Además, sostiene que estos datos respaldan los esfuerzos para utilizar compuestos naturales como apoyo en la lucha contra la resistencia a los antibióticos. Sustancias que mejoren el rendimiento de los antibióticos existentes resultan especialmente atractivas porque podrían disminuir la necesidad de desarrollar medicamentos completamente nuevos.
“Con el desafío de la resistencia a múltiples fármacos,” afirmó Déziel, “tenemos que trabajar desde muchas direcciones diferentes.”
Referencia: “Cranberry juice potentiates sensitivity of uropathogenic Escherichia coli (UPEC) strains to fosfomycin and decreases occurrence of spontaneous resistance” por Marie-Christine Groleau et al., 4 de mayo de 2026, Applied and Environmental Microbiology. DOI:10.1128/aem.02521-25
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