Tecnología y ciencia
La Unión Europea exige que todos los portátiles nuevos vendidos en su mercado usen el puerto USB-C para cargar, con el objetivo de reducir residuos electrónicos.

A partir de 2026, ningún ordenador portátil nuevo podrá venderse dentro de la Unión Europea si no incorpora un puerto USB-C compatible con el estándar USB Power Delivery para su carga. La medida, que ya se aplicaba a teléfonos inteligentes, tabletas y auriculares, se extiende ahora a los portátiles como parte de una estrategia comunitaria para unificar los conectores de carga y disminuir la acumulación de desechos electrónicos.
Según las nuevas normas, cualquier equipo informático portátil que se comercialice en los Estados miembros debe soportar la carga a través de USB-C. Aunque la mayoría de los fabricantes ya habían comenzado a adoptar este estándar en los últimos años, la legislación lo convierte en un requisito obligatorio y elimina la posibilidad de vender dispositivos que no lo cumplan dentro del bloque europeo.
La Comisión Europea calcula que la unificación de los puertos de carga podría reducir miles de toneladas de basura electrónica cada año. La razón, explican las autoridades, es que la proliferación de cargadores y conectores distintos ha obligado a los consumidores a comprar adaptadores y fuentes de alimentación diferentes para cada aparato, generando un volumen masivo de residuos. Además, se estima que los usuarios europeos ahorrarían cientos de millones de euros al no tener que adquirir un cargador nuevo con cada dispositivo.
La nueva regla también otorga mayor comodidad: con un solo cargador USB-C será posible alimentar el teléfono, la tableta y el ordenador portátil.
No todos los portátiles quedan cubiertos de inmediato. Los equipos de alto rendimiento que requieren una potencia eléctrica superior a 100 vatios —como ciertos ordenadores para juegos o estaciones de trabajo profesionales dedicadas al diseño y la edición de vídeo— podrán acogerse a exenciones temporales. No obstante, los analistas tecnológicos señalan que la evolución del propio USB-C, que ya admite cargas de hasta 240 vatios, probablemente hará desaparecer estas salvedades en el futuro.
La presión regulatoria está acelerando la transición de los fabricantes hacia el USB-C incluso en aquellos productos que hasta ahora empleaban soluciones de carga propietarias. Apple, que en el pasado se opuso abiertamente a la estandarización argumentando que frenaba la innovación, ya ha comenzado a incorporar el puerto USB-C en varios de sus modelos recientes para cumplir con la normativa europea.
La medida se inscribe en una serie de regulaciones europeas destinadas a hacer que el sector electrónico sea más sostenible y respetuoso con el medio ambiente, en un contexto de creciente presión mundial para limitar los desechos electrónicos y alargar la vida útil de los aparatos. Observadores del sector consideran que la adopción del USB-C como conector único podría transformar la industria electrónica a escala global, ya que a muchas compañías les resulta más rentable estandarizar sus productos para todo el mundo que fabricar versiones distintas para el mercado europeo y para el resto.



