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Rastreadores inteligentes: ¿protección real o falsa tranquilidad?

Los dispositivos de rastreo inteligente prometen localizar objetos perdidos, pero su eficacia depende de redes, privacidad y posibles fallos técnicos.

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Rastreadores inteligentes: ¿protección real o falsa tranquilidad?
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En los últimos años, pequeños dispositivos de rastreo inteligente han inundado el mercado, prometiendo a los usuarios la capacidad de localizar sus pertenencias desde el teléfono móvil. Fabricados tanto por gigantes tecnológicos como por startups, estos aparatos buscan satisfacer la necesidad de proteger objetos que, de otro modo, serían difíciles de encontrar.

A simple vista, dispositivos como el AirTag de Apple o los rastreadores de Samsung parecen casi idénticos. Sin embargo, las diferencias son profundas: varían en alcance, compatibilidad de uso, mecanismo de funcionamiento y el tipo de alertas que envían al propietario. Esto plantea una pregunta fundamental sobre si realmente se adaptan a todos los usuarios y cuáles son los obstáculos que pueden hacerlos fallar.

Mecanismo de funcionamiento

Estos rastreadores combinan varias tecnologías para lograr su objetivo: enviar su ubicación únicamente al usuario que los posee. Aunque existen pequeñas variaciones entre los modelos de Apple, Samsung u otras compañías externas, todos comparten el mismo concepto básico.

La idea central se apoya en las redes Bluetooth de baja energía (BLE), disponibles desde la cuarta generación de esta tecnología. Según un informe del sitio CNET, el consumo energético es tan bajo que permite a estos dispositivos funcionar durante meses con una sola batería, sin necesidad de reemplazarla.

Cuando el rastreador está cerca del teléfono del usuario, la comunicación es directa mediante Bluetooth. Pero al alejarse y salir del alcance de esta red, el dispositivo comienza a compartir su señal cifrada con cualquier otro dispositivo compatible que esté cerca. Esta información viaja a través de internet hasta los servidores de la empresa fabricante, llegando finalmente al usuario propietario. Todo el proceso está altamente cifrado y ocurre sin que los usuarios de los dispositivos cercanos lo sepan, protegiendo así los datos del rastreador y su dueño.

Redes de localización

En la práctica, todos los rastreadores del mercado se alinean con una de dos grandes redes de localización: FindMy de Apple o FindHub de Google, según detalla un reporte de PC Magazine. Ambas compañías permiten que fabricantes externos, como la china Anker, utilicen sus redes, lo que significa que un rastreador de terceros puede funcionar con la red de Apple o la de Google.

Esta interoperabilidad permite que los rastreadores externos se beneficien de la enorme red de dispositivos Android o iOS, aumentando la precisión para localizar objetos perdidos. El papel de estas redes es crucial: actúan como intermediarias que transmiten la señal del rastreador a los servidores de la compañía, permitiendo al usuario conocer su ubicación incluso cuando está fuera del alcance directo del Bluetooth.

Por ejemplo, si alguien pierde un AirTag en un aeropuerto o estación de tren, fuera de su propio alcance, el dispositivo puede ser detectado por el iPhone de otro usuario que pase cerca. El AirTag comparte una clave de datos secreta, que solo el propietario puede descifrar, con la aplicación FindMy de ese extraño. Luego, ese teléfono añade información sobre la ubicación del rastreador dentro de la clave cifrada y la envía a los servidores de Apple. Al abrir la aplicación FindMy, el usuario original ve esos datos actualizados.

Privacidad y riesgos

Una preocupación común es la privacidad de los datos. Las empresas han diseñado el sistema para que los rastreadores compartan información de forma cifrada, que solo el dispositivo del propietario puede descifrar. Se puede comparar con una dirección postal pública: cualquiera puede enviar un mensaje, pero solo una persona tiene la llave para leerlo. Por lo tanto, no hay un riesgo directo de robo de datos o de que se descubra la ubicación del usuario original a través del rastreador.

Sin embargo, existen otros problemas de privacidad. Algunas personas han utilizado estos dispositivos para rastrear a otros sin su consentimiento, colocándolos en bolsos o coches. Este problema se hizo evidente con los AirTag de Apple, que fueron usados por delincuentes para localizar a sus víctimas. En respuesta, las empresas lanzaron actualizaciones que detectan si un rastreador desconocido te sigue y envían una alerta para facilitar su localización.

Limitaciones y fallos potenciales

A pesar de su tecnología avanzada, estos dispositivos no son infalibles. El principal punto débil aparece cuando el usuario se aleja del rastreador y sale del alcance del Bluetooth. En ese momento, la localización depende exclusivamente de los datos proporcionados por otros dispositivos cercanos.

Además, la señal se debilita significativamente en espacios cerrados como casas o edificios, lo que dificulta que llegue al teléfono del usuario, según el informe de CNET. Las baterías, aunque duran meses, pueden agotarse inesperadamente, dejando el rastreador inútil. También son susceptibles a fallos de software; por ejemplo, es posible alejarse del dispositivo sin recibir la alerta correspondiente porque se ha salido de su rango.

A pesar de estas limitaciones, los rastreadores inteligentes siguen siendo una opción más segura y efectiva que no tener ningún medio para localizar objetos perdidos.

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