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Un estudio de dos años en 11 países latinoamericanos demostró que una intervención estructurada con acompañamiento constante mejoró la función cognitiva un 55 % más que una guía flexible, según publicó The Lancet.

Un programa de estilo de vida adaptado culturalmente y aplicado durante dos años generó una mejora cognitiva significativamente mayor en adultos mayores en riesgo de demencia en Latinoamérica. Los participantes que recibieron acompañamiento continuo, actividades supervisadas y apoyo social estructurado obtuvieron los mayores avances en memoria y funciones ejecutivas.
El estudio LatAm-FINGERS evaluó dos modelos distintos en 12 centros distribuidos entre Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Perú y Uruguay. Participaron 1.065 personas asignadas aleatoriamente: 539 integraron el Programa de Intervención Sistemática de Estilo de Vida (SLI) y 526 el Programa de Intervención Flexible de Estilo de Vida (FLI). El SLI incluyó ejercicio guiado, asesoramiento nutricional basado en una versión regionalizada de la dieta MIND, entrenamiento cognitivo computarizado, monitoreo de factores cardiovasculares y 38 reuniones grupales. El FLI ofreció orientación general sobre salud y educación periódica en cuatro sesiones grupales, sin seguimiento continuo ni actividades supervisadas.
Los resultados, presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación Alzheimer 2026 en Londres y publicados simultáneamente en The Lancet el 12 de julio de 2026, confirman que las intervenciones multidominio pueden adaptarse con éxito a contextos diversos. El estudio extiende los hallazgos del U.S. POINTER, realizado en Estados Unidos, y demuestra su aplicabilidad en regiones de ingresos bajos y medios. La investigación fue financiada por la Asociación Alzheimer y forma parte de la red mundial World-Wide FINGERS, inspirada en el ensayo finlandés FINGER original.
Grupos de trabajo nacionales definieron qué componentes debían mantenerse fijos y cuáles podían ajustarse, considerando clima local, disponibilidad de alimentos, acceso a tecnología y preferencias de los participantes. Las opciones de actividad física incorporaron bailes tradicionales como la salsa y el tango, además de ejercicios en parques públicos. La orientación nutricional utilizó ingredientes accesibles y regionales: aguaymanto, quinua, açaí, semillas de calabaza, chía y aguacate. Los materiales se tradujeron y adaptaron culturalmente, y se brindó soporte adicional a quienes tenían poca experiencia con dispositivos digitales.
La muestra incluyó una amplia variedad étnica, racial, educativa y socioeconómica. Según Laura D. Baker, investigadora principal del U.S. POINTER y profesora de gerontología en la Escuela de Medicina de la Universidad Wake Forest y Advocate Health, los datos confirman que los beneficios para la salud cerebral no dependen de un perfil específico de recursos o formación. “Ahora contamos con una segunda evidencia sólida en una región completamente distinta del mundo, lo que sugiere que la fórmula del U.S. POINTER puede adaptarse para cualquier población”, afirmó.
Tras dos años, la mejora cognitiva global fue significativamente mayor en el grupo SLI. En una medida combinada de función cognitiva, este grupo mostró un incremento del 55 % superior al del grupo FLI. También superó de forma estadísticamente significativa en memoria, funciones ejecutivas y velocidad de procesamiento. Heather M. Snyder, vicepresidenta sénior de relaciones médicas y científicas de la Asociación Alzheimer, destacó que “un mensaje clave de este estudio es que la estructura y el apoyo social importan”. La intervención abordó múltiples factores de riesgo simultáneamente —actividad física, alimentación, entrenamiento cognitivo y participación social—, estrategia que los investigadores consideran clave frente a enfermedades neurodegenerativas multifactoriales.
Lucia Crivelli, doctora en neurociencias y principal autora del estudio, señaló que el programa no fue una mera traducción del modelo estadounidense al español o portugués, sino una reconstrucción cultural que preservó sus elementos centrales. “Hicimos que el programa fuera práctico, asequible y factible como estrategia de salud pública”, explicó Crivelli, quien lidera la investigación desde el Instituto de Neurología y Neurocirugía Fleni en Buenos Aires, Argentina. El estudio refuerza la viabilidad de implementar intervenciones basadas en el estilo de vida en sistemas de salud con distintos niveles de infraestructura y recursos.
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