Tecnología y ciencia
Los robots sociales, diseñados para interactuar con personas de forma amigable en espacios públicos, usan inteligencia artificial emocional, procesamiento del lenguaje natural y sensores LiDAR para ofrecer orientación, asistencia y entrega sin reemplazar al personal humano.

Los robots sociales no evocan máquinas industriales gigantescas, sino dispositivos móviles presentes ya en hoteles, aeropuertos y centros comerciales. Su propósito no es manipular cargas, sino comunicarse: cuentan con rostros digitales expresivos y capacidad para comprender el habla humana, lo que les permite guiar a visitantes o entregar comidas en restaurantes.
Según un informe de Digital Trends, estos sistemas no buscan sustituir a los trabajadores, sino aliviarlos en tareas repetitivas y monótonas. Ejemplos como el robot Pepper o los modelos de entrega hotelera emplean inteligencia artificial emocional para interpretar expresiones faciales y tonos de voz. Si una persona parece desorientada en un aeropuerto, el robot puede detectarlo y acercarse espontáneamente para ofrecer ayuda, haciendo que la tecnología resulte más accesible y menos intimidante frente a pantallas táctiles complejas.
En espacios concurridos, los robots sociales combinan múltiples sensores digitales. Micrófonos distribuidos permiten la localización direccional del habla, identificando quién habla entre el bullicio de un centro comercial. Gracias al procesamiento del lenguaje natural (NLP), comprenden distintas variantes dialectales y preguntas formuladas de manera indirecta. Además, integran sensores LiDAR y cámaras tridimensionales para desplazarse con fluidez entre personas sin colisionar, una habilidad que requirió años de investigación para replicar la destreza humana en entornos densamente poblados.
Para optimizar la comunicación con estos dispositivos durante su próxima visita a un espacio público, se recomienda:
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