Cultura y sociedad
Amistades con terapeutas: profundidad, límites y hábitos profesionales
Una psicóloga explora los beneficios y desafíos de tener amigos terapeutas: conversaciones intensas, expectativas de reciprocidad, fronteras emocionales firmes y la dificultad de desactivar el rol profesional en la vida cotidiana.

Lauren Mizock, doctora en Psicología, analiza las particularidades de mantener amistades con colegas del campo terapéutico. Su reflexión surge tras un encuentro en el que un hombre le confesó extrañar las conversaciones profundas que había tenido con una ex pareja terapeuta —una observación que su marido confirmó como atípica, lo que la llevó a examinar las cualidades únicas de estas relaciones.
Estilos interpersonales marcados por la formación profesional
Los terapeutas no dejan necesariamente su formación en la consulta. Algunos adoptan en sus interacciones sociales un rol de “hoja en blanco”, mientras otros, como Mizock —que se define como humanista-existencialista— practican una escucha activa, expresan reacciones vívidas, comparten opiniones, reconocen sus propios juicios y buscan significado en las conversaciones. Esta postura se extiende incluso a su estilo parental: lejos de aplicar técnicas conductuales estrictas, prioriza las fortalezas de sus hijos para abordar sus dificultades con flexibilidad.
Amistades entre colegas: diversidad de aportes
Mizock señala que prefiere socializar con terapeutas, pues comparten valores fundamentales sobre la conexión humana y la conversación significativa. Observa diferencias notables según su orientación teórica: los trabajadores sociales envían recursos al final de las charlas; los psicoanalistas mantienen una postura neutral y receptiva; los especialistas en terapia cognitivo-conductual la invitan a cuestionar la realidad de sus miedos; y los colegas humanistas-existencialistas validan y comparten sus emociones. Todos contribuyen de forma valiosa a su vida personal, de manera análoga a cómo distintos tipos de terapeutas enriquecen la experiencia de ser paciente.
Hábitos profesionales que trascienden la consulta
No es infrecuente que los terapeutas actúen como tales fuera del consultorio. Mizock relata cómo una amiga terminó abruptamente su almuerzo justo a los 50 minutos, y otra la bromeó sobre su tendencia a aplicar diagnósticos en conversaciones informales. Estos comportamientos reflejan una condición profesional arraigada, difícil de desactivar incluso en contextos personales. La autora reconoce que esta internalización puede convertirse en un hábito social persistente.
Falta de literatura y relevancia ética
Pocos textos abordan explícitamente la amistad entre terapeutas. La mayoría de los recursos existentes advierten al público sobre la inadecuación de confundir al terapeuta con un amigo. Entre las excepciones destacan dos artículos: uno de la doctora Maria Baratta (2023), publicado en Psychology Today, que resalta la empatía, la confidencialidad y las habilidades de escucha como rasgos característicos de los terapeutas como compañeros; y otro de la doctora Marilyn Schwartz (2021), aparecido en Voices: Journal of the American Academy of Psychotherapists, que subraya el papel esencial de las amistades profesionales para la práctica ética y el autocuidado, al facilitar la supervisión informal y prevenir el agotamiento laboral.
En síntesis, Mizock identifica cinco ejes centrales en las amistades con terapeutas: capacidad para conversaciones profundas pero dificultad con el pequeño diálogo; alta fiabilidad acompañada de expectativas de previsibilidad y regularidad; disponibilidad emocional con límites claramente definidos; percepción aguda de los demás, pero dificultad para desactivar esa observación; y un amplio trabajo personal previo, que no impide sorprender con imperfecciones humanas.
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