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Cultura y sociedad

Auto-sabotaje en deportistas mujeres: protección, no fracaso

La psicóloga Tess M. Kilwein explica que el auto-sabotaje en mujeres y niñas deportistas surge de mensajes contradictorios sobre género y éxito, funciona como autodefensa y se combate con autocompasión activa, no con su eliminación forzada.

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Auto-sabotaje en deportistas mujeres: protección, no fracaso
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La psicóloga Tess M. Kilwein, doctora en Psicología Clínica y Certificada en Psicología del Deporte, sostiene que el auto-sabotaje no es un fallo personal, sino una estrategia aprendida para navegar las tensiones entre el desempeño deportivo y las expectativas de género.

Los mensajes contradictorios desde la infancia

Desde edades tempranas, las niñas reciben indicaciones opuestas sobre cómo deben pensar, lucir y comportarse: ser seguras, pero no arrogantes; fuertes, pero sin desarrollar demasiada masa muscular; competitivas, pero siempre agradables. Estas contradicciones se intensifican al entrar en la adolescencia, cuando muchas comienzan a reducir su presencia física y emocional tanto en el deporte como en la vida cotidiana, ajustándose a las expectativas externas.

En esa etapa, aumenta su preocupación por los errores, su apariencia y la percepción de si son “suficientemente buenas”. Esta presión también proviene de fuera: estudios como el de Fleming et al. (2023) vinculan las exigencias perfeccionistas de entrenadores y padres con mayores niveles de preocupación perfeccionista en jóvenes atletas.

Cuándo el auto-sabotaje se convierte en retiro

En escenarios extremos —pero muy frecuentes—, las mujeres abandonan el deporte por completo. Las investigaciones de Matheson et al. (2023) y Slater & Tiggemann (2011) identifican como causas principales las inquietudes sobre la imagen corporal, los estereotipos de género y el entorno deportivo mismo. Las niñas se desvinculan del deporte antes y en mayor proporción que los niños.

Por qué no se puede “eliminar” el auto-sabotaje

En un episodio de podcast, Kilwein analiza la idea de “erradicar” el auto-sabotaje. Concluye que esa meta es otra norma irrealista que condena a las deportistas al fracaso. Intentar suprimir los pensamientos críticos o autodestructivos no funciona: genera más autocrítica, juicio y vergüenza cuando esos pensamientos reaparecen inevitablemente.

Lo relevante no es eliminarlos, sino distinguir entre los pensamientos y las conductas auto-sabotadoras. Aunque no se pueda detener la duda constante sobre si se es “suficientemente bueno”, sí se puede elegir hacer lo difícil aun así, en lugar de no intentarlo nunca.

El auto-sabotaje como mecanismo de protección

El auto-sabotaje suele funcionar como una forma de autodefensa. Explica por qué algunas atletas no alcanzan su máximo potencial, finalizan sus carreras con frustración o dejan el deporte definitivamente. Si no se da el máximo esfuerzo, entonces el fracaso no se atribuye a la falta de capacidad, sino a la falta de compromiso: no entrenar con intensidad, no recuperarse adecuadamente o no alimentarse bien ofrecen explicaciones externas ante el resultado negativo.

Esta dinámica rara vez opera de forma consciente. Como señala Kilwein, citando a Theodore Roosevelt, el mérito corresponde a quien entra a la arena. Ya estar allí —haberse presentado, haber trabajado duro, sentirse incómodo y asumir riesgos— constituye, en sí mismo, una victoria previa. La pregunta entonces no es si merecen estar, sino cuánta valentía pueden ejercer ahora que ya están dentro.

La comparación como marcador engañoso

La cultura de la comparación es central en este fenómeno. El deporte, por su naturaleza, impone rankings, marcas, rivales y resultados binarios: siempre hay un ganador y un perdedor. Kilwein recuerda la célebre dirección de Roger Federer en una ceremonia de graduación: a pesar de ser considerado uno de los mejores tenistas de la historia, ganó solo el 54 % de los puntos individuales en su carrera. El 46 % restante fueron derrotas puntuales. Eso no lo convierte en un fracaso ni en alguien “insuficiente”.

Si la perfección —entendida como ganar siempre— se vuelve condición necesaria para ser “válido”, todos terminarán decepcionados. Solo una persona o equipo gana cada competición; la mayoría pierde.

La autocompasión como práctica activa

La autocompasión y la atención plena ganan terreno en el ámbito deportivo. Kilwein reconoce haberlas subestimado inicialmente, calificándolas como “suaves”, hasta cambiar de opinión tras evidencia creciente. Estas herramientas no son pasivas: la investigación de Kuchar et al. (2023) y Stamatis et al. (2020) muestra que la autocompasión ayuda a responder de forma adaptativa al fracaso, reduce la autocrítica y favorece el bienestar psicológico sin sacrificar la ambición.

Requiere mantener firme la propia valía frente al error. Mostrarse compasión y gracia tras una derrota ajustada, argumenta Kilwein, es una de las actitudes más fuertes que un atleta puede adoptar —y una que muchos no logran practicar.

El problema no está en la atleta

Aunque el análisis se centra en mujeres y niñas, los temas trascienden el género. Todos los atletas luchan con el perfeccionismo, la comparación y el miedo al fracaso. Pero estas presiones se agudizan especialmente en quienes tienen relaciones complejas con su identidad de género, y aún más en quienes además enfrentan racismo, capacitismo, xenofobia o desigualdad económica.

En lugar de preguntar por qué los atletas se interponen en su propio camino, Kilwein propone indagar qué aprendieron que ocurriría si se volvían demasiado poderosos, visibles, musculosos, competitivos, seguros o simplemente distintos —o si simplemente no alcanzaban la perfección. Reconocer esos mensajes permite desafiarlos y seguir actuando pese a ellos.

Para profundizar, está disponible el episodio titulado “Cómo derrotar el auto-sabotaje y fortalecer la autoconfianza”, con las doctoras Tess Kilwein y Erin Ayala.

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