Cultura y sociedad
Una investigación publicada en Environmental Research Letters revela que el aumento del dióxido de carbono, aunque impulsa el calentamiento, reduce el transpirado vegetal y modifica los cálculos del índice de aridez, proyectando un 40,28 % máximo de tierras secas para 2100 —menos que estimaciones anteriores de hasta el 56 %.

Las tierras áridas podrían cubrir entre el 39,31 % y el 40,28 % de la superficie terrestre —excluida la Antártida— durante el periodo 2071–2100, según una nueva investigación publicada en la revista *Environmental Research Letters*. El valor más alto representa un incremento de 2,37 millones de kilómetros cuadrados respecto al promedio registrado entre 1994 y 2023, una extensión equivalente a la superficie de Argelia o al 30 % del territorio australiano.
Se clasifican como tierras áridas aquellas zonas donde la escasez hídrica es crónica: las precipitaciones son insuficientes frente a las pérdidas de agua por evaporación y transpiración vegetal —un proceso conocido como evapotranspiración potencial (PET). En esta metodología, se considera árida cualquier región cuyo Índice de Aridez (AI) sea inferior a 0,65, es decir, donde las lluvias representen menos del 65 % de la evapotranspiración potencial.
La novedad central del estudio radica en la incorporación explícita del efecto fisiológico del dióxido de carbono (CO₂) sobre las plantas. A concentraciones elevadas de CO₂ en la atmósfera, los estomas —poros foliares por los que las plantas liberan vapor de agua— se cierran parcialmente. Eso reduce la pérdida de agua por transpiración, lo que a su vez disminuye la evapotranspiración potencial calculada. Este mecanismo no había sido integrado en muchos modelos climáticos anteriores, lo que llevaba a sobreestimaciones del avance de las zonas áridas.
Los investigadores emplearon modelos climáticos avanzados del Proyecto CMIP6 —iniciativa del Programa Mundial de Investigación del Clima (WCRP)— y combinaron series temporales de datos observacionales desde 1960 hasta 2023. El modelo utilizado para calcular la evapotranspiración potencial fue ajustado específicamente para reflejar la respuesta estomática al CO₂, permitiendo así una evaluación más realista de la distribución futura de las tierras secas.
En el periodo de referencia 1994–2023, las tierras áridas ocupaban el 38,58 % de la superficie terrestre sin contar la Antártida. Su distribución se desglosa en cuatro categorías: semiaridez (14,72 %), aridez (11,24 % —principalmente en Australia y China), subhúmedo seco (6,35 % —concentrado en China y Rusia) y aridez extrema (6,27 % —ubicada sobre todo en Argelia, Libia y Arabia Saudita).
Según los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, las regiones más afectadas por la expansión árida serán las de aridez extrema. Asimismo, Australia experimentará las transformaciones más pronunciadas en este siglo, seguida por Brasil y amplias zonas de África.
La investigación contrasta con estimaciones anteriores: una publicación de hace diez años había proyectado que las tierras áridas podrían alcanzar hasta el 56 % del planeta para 2100. La nueva cifra máxima —el 40,28 %— resulta significativamente menor, gracias a la corrección del componente biológico en los cálculos de evapotranspiración potencial.
Los resultados fueron publicados en *Environmental Research Letters*.



