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Cultura y sociedad

El precio emocional de no perdonar: cómo el rencor alimenta la soledad

La incapacidad para perdonar no aísla al otro, sino a quien retiene el rencor: estudios muestran que perdonar reduce un 40 % la depresión y disminuye la soledad, la ira y el estrés.

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El precio emocional de no perdonar: cómo el rencor alimenta la soledad
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El rencor no es una emoción pasajera; es la repetición consciente de la ira hasta que paraliza. Su raíz etimológica lo revela: del latín *re* (de nuevo) y *sentire* (sentir), implica sentir una y otra vez la herida sin dejarla pertenecer al pasado. Según el teólogo del siglo IV san Agustín, “el rencor es como beber veneno y esperar a que muera la otra persona”.

El rencor como fenómeno social extendido

En Estados Unidos, el rencor ha alcanzado niveles sin precedentes desde la Guerra Civil, según documenta el autor en otro artículo. Una encuesta del Pew Research Center indica que el 58 % de los estadounidenses ve desfavorablemente al Partido Republicano y el 59 % al Partido Demócrata. En este escenario, los mensajes negativos y hostiles contra grupos externos se comparten o retuitean el doble de veces que los dirigidos a los propios grupos de afinidad, según un estudio de la Universidad de Cambridge. Además, una nueva tipología política del Pew Research Center identifica a los estadounidenses divididos en nueve facciones distintas con identidades y valores en conflicto.

La raíz personal del rencor

El problema más profundo no radica en las urnas, sino en la vida privada. Ya sea una ex pareja, un progenitor, un compañero de trabajo o alguien ubicado en el extremo opuesto del espectro político, la causa emocional subyacente es idéntica: la decisión diaria de revivir una lesión emocional y permitir que la persona a quien culpamos ocupe nuestro espacio mental en el presente. Como profesor de liderazgo y coach de vida para directivos y particulares, el autor observa que los conflictos actuales —en el hogar o en la oficina— siempre remiten a una figura del pasado con la que no se ha logrado perdonar. Y quien termina aislado no es esa persona: es quien conserva el rencor.

Qué hace el perdón por ti

Perdonar no es principalmente un acto dirigido al otro, sino una herramienta fundamental para el bienestar propio. Un estudio reveló que católicos y protestantes de Irlanda del Norte que perdieron a un familiar por violencia y lograron perdonar al asesino experimentaron una reducción del 40 % en los síntomas de depresión. Otra investigación, liderada por la psicóloga Loren Toussaint y que siguió a 332 adultos durante cinco semanas, asoció el perdón con mejor salud mental y menor estrés. Las personas que perdonan reportan menos soledad, ira y depresión, mayor empatía y mayor cercanía en sus relaciones.

Perdonar no es olvidar ni confiar

La frase infantil “perdona y olvida” contiene una trampa: olvidar puede ser peligroso. Si caes en un hoyo, no conviene borrar su ubicación de la memoria. Perdonar tampoco equivale a restablecer la confianza. En muchos casos, permite precisamente desvincularse —física, emocional y psicológicamente— de la relación. Mientras la confianza une, el perdón libera. La confianza es necesaria para el desarrollo relacional; el perdón, para el desarrollo personal. Confíar en quien nos ha dañado no es indispensable para nuestra evolución humana; perdonarlo, sí. Porque mientras no soltemos el sufrimiento, este permanece en el presente, impidiendo que se traslade al pasado.

El perdón como condición para la conexión

No perdonar mantiene a la persona “atascada interpersonalmente”: incapaz de entrar libremente en nuevas relaciones o volver a confiar. El perdón crea espacio para que las relaciones florezcan de nuevo. Libera para confiar —no necesariamente en quien debe ser perdonado, sino en otros. Actúa como un lubricante que permite que las conexiones se inicien y prosperen, ya sea con la misma persona o con alguien completamente distinto: amigo, pareja o colega. Sin perdón, no hay nadie más en el escenario: ese es el punto de entrada de la soledad. Si “una vez mordido, dos veces cauteloso” es cierto para muchos, también lo es, lamentablemente, que “una vez incapaz de perdonar, dos veces incapaz de relacionarse socialmente”. Probar el perdón permite observar cómo evolucionan tanto las viejas como las nuevas relaciones —y, si se tiene suerte, cómo vuelven a florecer.

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