Cultura y sociedad
Una investigación publicada en AI & Society advierte que el uso repetido de inteligencia artificial podría inducir a las personas a modificar su forma de hablar y comportarse para volverse más claras, predecibles y fáciles de entender por los sistemas automatizados.

Un estudio reciente sugiere que el uso intensivo de la inteligencia artificial no solo transforma cómo las máquinas interactúan con los humanos, sino que también puede llevar, de forma gradual, a que las personas adapten su comunicación para imitar los patrones propios de los sistemas automatizados.
La investigación, publicada en la revista académica AI & Society, introduce el concepto de “humanidad robotoides” (Robotoid Humanness). Este término describe una posible evolución conductual en la que los individuos ajustan su lenguaje, su comportamiento y su autorepresentación para hacerlos más explícitos, estructurados y comprensibles para los modelos de inteligencia artificial.
Los autores del artículo son Selcen Ozturkcan, de la Universidad Linnaeus; Jean-Paul de Cros Peronard, de la Universidad Aarhus; e Inci Toral-Manson, de la Universidad Birmingham.
Según el estudio, los usuarios que mantienen interacciones frecuentes con sistemas de inteligencia artificial tienden, con el tiempo, a modificar su estilo comunicativo. Por ejemplo, una persona que consulta habitualmente un asistente de servicio al cliente puede observar que el sistema responde con mayor eficacia cuando sus mensajes son directos, bien organizados y libres de ambigüedades. Esta experiencia reiterada puede conducir a una internalización espontánea de ese estilo, incluso fuera del contexto tecnológico.
Los investigadores señalan que este fenómeno genera una retroalimentación bidireccional: por un lado, la inteligencia artificial aprende de las interacciones para personalizar sus respuestas; por otro, el usuario ajusta su forma de expresión según la manera en que el sistema responde.
El trabajo propone que dicho proceso se desarrolla en tres fases progresivas. En la primera, el usuario comienza a percibir al sistema de inteligencia artificial como una presencia social, no meramente como una herramienta, especialmente ante su capacidad para sostener diálogos y procesar el contexto del interlocutor.
En la segunda fase, el sistema utiliza los datos acumulados en interacciones previas para construir un modelo simplificado del usuario y ofrecer respuestas cada vez más ajustadas. En la tercera etapa, el propio usuario empieza a reformular sus ideas y su presentación personal de modo que coincida con lo que la inteligencia artificial interpreta y responde con mayor facilidad.
En esencia, el ser humano se adapta a la máquina del mismo modo en que la máquina se adapta al ser humano.
Los autores destacan una diferencia fundamental entre la interacción humana y la interacción con sistemas de inteligencia artificial. Los seres humanos pueden malinterpretarnos, discrepar con nosotros, cuestionar nuestras ideas o actuar de forma impredecible. En cambio, los sistemas de inteligencia artificial operan principalmente sobre patrones, predicciones y personalización.
A medida que se repiten los contactos con estos sistemas, los usuarios podrían sentirse más cómodos empleando un lenguaje claro, lineal y previsible —es decir, aquel que facilita la comprensión automática—, reduciendo así el espacio disponible para contradicciones, espontaneidad o conductas inesperadas, todas ellas rasgos inherentes a la condición humana.
“Humanidad robotoides” no implica una transformación literal en máquinas, sino una tendencia a moldear la conducta y la comunicación según la lógica que las máquinas procesan con mayor eficiencia.
Los investigadores subrayan que “humanidad robotoides” sigue siendo una hipótesis conceptual. Aclaran que se requieren estudios adicionales y pruebas empíricas para determinar si tales cambios efectivamente ocurren en personas que usan inteligencia artificial de forma recurrente.
No obstante, la investigación plantea una pregunta central en un momento de creciente integración de la inteligencia artificial en la vida cotidiana: si las máquinas aprenden a hablar como los humanos, ¿acaso los humanos comienzan, paulatinamente, a hablar como las máquinas?



