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Herramientas prácticas para criar niños con experiencias adversas

Expertos recomiendan estrategias concretas —como conectar antes de corregir, compartir el poder y regularse primero— para apoyar a niños adoptados, acogidos o con trauma temprano, basadas en evidencia neurocientífica y clínica.

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Herramientas prácticas para criar niños con experiencias adversas
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Los niños que han sufrido separación de sus progenitores biológicos, negligencia, abuso u otras rupturas en el apego no responden al amor como único recurso terapéutico. Su desarrollo cerebral se ve afectado por esas experiencias, lo que explica conductas interpretadas erróneamente como desafío o rechazo: en realidad, reflejan circuitos neuronales alterados, desconfianza aprendida, miedo crónico y estrategias de supervivencia.

En su libro *The Connected Parent*, la especialista en desarrollo infantil y acogimiento Karyn Purvis, junto con Lisa Qualls, propone herramientas prácticas para criar a niños con un “inicio difícil”. Estas estrategias no están limitadas a familias adoptivas o de acogida: también resultan útiles para padres y profesionales de la salud mental. Purvis afirma: “Nunca he visto un niño que no pudiera experimentar niveles dramáticos de sanación. El mayor predictor de su capacidad para sanar es un adulto seguro y nutricio que le ayude a aprender a confiar”.

Para favorecer la reconexión neuronal, los niños procedentes de “entornos difíciles” requieren cuidadores cuyo amor y compromiso vayan acompañados de habilidades específicas. Muchas prácticas parentales convencionales resultan contraproducentes en estos casos. Se necesitan tres pilares: apoyo físico, apoyo emocional y corrección respetuosa.

El apoyo físico incluye nutrición adecuada, refrigerios cada pocas horas, hidratación constante, ejercicio placentero, estimulación sensorial equilibrada y sueño regular. Estos factores son fundamentales para promover la reconfiguración de las vías cerebrales dañadas.

El apoyo emocional se construye mediante actos repetidos que transmitan: “Estoy aquí, me importas pase lo que pase, puedes confiar en mí”. Mirar a los ojos con presencia plena mientras el niño habla ayuda a satisfacer necesidades de apego no resueltas.

La corrección debe aplicarse cuando el niño está tranquilo y alerta, y sus necesidades físicas están cubiertas. Se modela y enseña sistemáticamente una comunicación respetuosa. Además, los adultos deben haber trabajado sus propias heridas traumáticas para responder con calma ante conductas desafiantes, sin activarse ni reaccionar desde la herida propia.

Estrategias prácticas validadas

1. Conectar antes de corregir: si un niño exige bruscamente un vaso de agua, el adulto se agacha a su altura, lo mira con calidez y dice: “Mira aquí. Quiero ver tus hermosos ojos. Me encantan tus ojos. ¡Bien hecho mostrándomelos! Te escucho y quiero ayudarte, pero necesito que lo pidas con respeto. Probemos otra vez, con respeto”.

2. Compartir el poder: ofrecer dos opciones concretas permite al niño recuperar sensación de control. Por ejemplo: “Veo que no pudiste jugar bien con tu hermana. ¿Prefieres sentarte en la encimera a dibujar o balancearte conmigo?”.

3. Negociar acuerdos: si el niño rechaza ambas opciones, el adulto puede decir: “Parece que estás pidiendo un acuerdo. ¿Podrías usar tus palabras buenas y pedírmelo con respeto?”. Tras la solicitud del niño —por ejemplo, “¿Puedo jugar cinco minutos más antes de acostarme?”—, el adulto propone: “Pongamos un temporizador para cinco minutos más. Cuando suene, es hora de dormir. Mi parte del trato es dejarte jugar; la tuya es irte a la cama al sonar. ¿Acordado?”.

4. Nutrir con frecuencia: el tiempo uno a uno fortalece la confianza y satisface carencias de apego. Incluye hacer tareas juntos, ir de compras, noches especiales, cocinar, ayudar con los deberes, rutinas nocturnas y cuentos. Si hay pesadillas, el niño puede dormir en una bolsa de dormir o una tienda de campaña junto a la cama de los padres. También caminar juntos, dar palomitas juguetonamente, cantar, dejar notas en las loncheras. Escuchar con atención, sin interrumpir, y reforzar: “Siempre te escucharé, pero usa respeto”. En lugar de aislar al niño en su habitación tras una conducta desafiante, se le acerca. Si se comporta inadecuadamente, se le invita a un “espacio de reflexión” cercano hasta que se calme y esté listo para hablar.

5. Autorregularse primero, luego regular al niño: el adulto respira y dice con calidez: “Veo que esto te cuesta mucho, y quiero ayudarte. Veamos si podemos resolverlo juntos”. Si el niño está muy alterado, se usan pocas palabras: “Uy, muestra respeto”. Si grita, el adulto puede decir con calma: “Iguala mi voz”.

6. Practicar lúdicamente conductas adecuadas e inadecuadas: la madre pregunta: “Cuando digo ‘Por favor, ven a cenar’, ¿cuál sería la forma equivocada de responder?”. Tras la representación exagerada del mal comportamiento, ella comenta: “¡Bien hecho practicando sin respeto! Ahora intentémoslo con respeto”. Luego dice: “Cariño, es hora de cenar”. El niño responde: “Vale, mamá”, y ella celebra: “¡Excelente! Alto cinco”.

7. Validar y calmar emociones intensas: “Cariño, pareces enfadado, pero veo que tu corazón en realidad siente tristeza. Está bien soltar la rabia y sentir la tristeza. ¿Puedes contarme con palabras lo que sientes? ¿O prefieres dibujarlo?”.

Purvis y Qualls detallan además cómo adaptar estas estrategias a adolescentes. Subrayan que los niños traumatizados necesitan la aplicación repetida, constante y paciente de estas herramientas para reconstruir la confianza y reconfigurar las vías neuronales dañadas por el maltrato. Los cuidadores deben ser igualmente pacientes y amables consigo mismos: nadie domina esta tarea de forma perfecta.

Purvis, K. B., & Qualls, L. (2020). *The Connected Parent: Real-Life Strategies for Building Trust and Attachment*. Eugene, OR: Harvest House.

Schiraldi, G. R. (2021). *The Adverse Childhood Experiences Recovery Workbook*. Oakland, CA: New Harbinger.

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