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Seis consejos para manejar efectos sexuales secundarios de antidepresivos

Los antidepresivos pueden causar disfunciones sexuales; estos seis consejos ayudan a reducir esos efectos y mejorar la calidad de vida.

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Seis consejos para manejar efectos sexuales secundarios de antidepresivos
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Medicamentos antidepresivos como Lexapro y Zoloft pueden provocar efectos secundarios sexuales. Es posible aprender cómo minimizar estos trastornos para mejorar la función sexual mientras se continúa con el tratamiento.

Los antidepresivos, incluyendo Lexapro (escitalopram), Prozac (fluoxetina), Paxil (paroxetina) y Zoloft (sertralina), son efectivos para tratar la depresión, pero pueden generar problemas sexuales como pérdida de deseo o dificultades durante el acto íntimo.

La depresión misma puede causar síntomas sexuales adversos, pero también los medicamentos utilizados en su tratamiento contribuyen a estas alteraciones. Mantener una vida sexual saludable es importante para muchas personas, y aunque los efectos secundarios pueden ser frustrantes, existen estrategias para manejarlos.

Hablar abiertamente con la pareja, el médico o un profesional de salud mental sobre estos efectos es fundamental para encontrar soluciones adecuadas. Comprender cómo la depresión y su tratamiento afectan la sexualidad es el primer paso para abordar estos desafíos.

Medicamentos antidepresivos y disfunción sexual

Estudios indican las tasas de disfunción sexual asociadas a ciertos antidepresivos: Zoloft (sertralina) 27,43%, Effexor (venlafaxina) 24,82%, Celexa (citalopram) 20,27%, Paxil (paroxetina) 16,68%, Prozac (fluoxetina) 15,59%, Tofranil (imipramina) 7,24%, Nardil (fenelzina) 6,24% y Cymbalta (duloxetina) 4,36%.

Aunque estos medicamentos tienen efectos secundarios, los beneficios suelen superar los riesgos y con el tiempo los efectos tienden a disminuir conforme el cuerpo se adapta. Nunca se debe suspender la medicación sin consultar al médico, ya que detenerla abruptamente puede agravar la depresión o causar síntomas de abstinencia.

Manifestaciones sexuales y depresión

La depresión y los antidepresivos pueden provocar bajo deseo sexual, sequedad vaginal y disfunción eréctil. También es común la dificultad para alcanzar el orgasmo o su ausencia total. Investigaciones sugieren que entre el 50% y 70% de quienes toman inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) presentan algún grado de disfunción sexual.

Es probable que la prevalencia real sea mayor, ya que muchas personas sienten vergüenza o reticencia para comunicar estos problemas a sus médicos, y en ocasiones no se vincula la disfunción con la depresión o el tratamiento farmacológico.

Reconocer y comunicar estas dificultades a la pareja y al equipo de salud es crucial para buscar alternativas de manejo.

Estrategias para afrontar los efectos sexuales secundarios

Existen diversas opciones para reducir estos efectos, aunque no todas funcionan para cada persona y puede ser necesario probar varias.

Una alternativa es consultar con el médico la posibilidad de disminuir la dosis del antidepresivo, ya que dosis menores pueden mantener la eficacia terapéutica y reducir los efectos adversos.

También puede ser útil modificar el horario de toma del medicamento. Por ejemplo, tomar la dosis después de la actividad sexual puede disminuir el impacto en el deseo y la función sexual, ya que los niveles del fármaco en sangre son más bajos durante el encuentro íntimo.

La elección del momento para la medicación debe considerar otros efectos secundarios y la rutina diaria. Si la actividad sexual ocurre principalmente en la noche, podría convenir tomar el medicamento por la mañana.

Alternativas farmacológicas y ajustes

Algunos antidepresivos, como Trintellix, presentan menos efectos sexuales. Wellbutrin (bupropión), un inhibidor de la recaptación de norepinefrina y dopamina, actúa de forma distinta a los ISRS y puede ser una opción para quienes experimentan disfunción sexual con estos últimos.

En ciertos casos, el médico puede recomendar continuar con el antidepresivo inicial y añadir otro medicamento, como Wellbutrin, o prescribir fármacos específicos para tratar la disfunción sexual.

Medicamentos para la disfunción eréctil, como Viagra (sildenafil) o Cialis (tadalafil), han demostrado ser efectivos para quienes presentan este problema.

Otra estrategia es considerar “vacaciones” temporales del medicamento bajo supervisión médica, es decir, pausas breves que pueden aliviar los efectos secundarios sin perder el beneficio terapéutico. Sin embargo, esta opción no es adecuada para todos los antidepresivos, ya que algunos, como Prozac, tienen una vida media prolongada que dificulta estas interrupciones.

Es fundamental no suspender ni modificar la medicación sin consultar al médico, ya que las pausas pueden afectar la adherencia al tratamiento y empeorar los síntomas depresivos.

Otras formas de manejar los efectos sexuales

Si los ajustes en la medicación no son suficientes, se pueden explorar otras alternativas que también ayudan a controlar los síntomas sexuales causados por la depresión.

Incluir cambios en el estilo de vida, como realizar ejercicio físico, puede mejorar la función sexual. Involucrar a la pareja en estas modificaciones puede fortalecer la relación y la intimidad.

Identificar causas adicionales

Si las dificultades sexuales persisten pese a múltiples intentos de manejo, es posible que existan otras causas. Existen diversas condiciones psicológicas y físicas que afectan la sexualidad más allá de la depresión y sus tratamientos.

El trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH) es una condición común pero poco discutida, caracterizada por la ausencia de interés o deseo sexual. En el DSM-5, se divide en trastorno del interés/arousal sexual femenino y trastorno del deseo sexual hipoactivo masculino.

Las personas con TDSH no buscan experiencias sexuales ni piensan o fantasean sobre ellas, y suelen experimentar angustia por esta falta de deseo, lo que afecta negativamente sus relaciones.

Es importante diferenciar TDSH de la asexualidad, ya que esta última se refiere a la ausencia de atracción sexual, mientras que el TDSH implica falta de deseo sexual.

Además, el consumo de alcohol u otras sustancias puede provocar efectos sexuales secundarios, ya sea por el uso o la abstinencia. Cambios relacionados con la edad, enfermedades crónicas, dolor o situaciones estresantes como la llegada de un bebé o un nuevo empleo también pueden influir en la vida sexual y dificultar el manejo de los efectos secundarios.

Comunicación con la pareja

La comunicación es esencial para mantener una relación saludable, especialmente cuando se enfrentan dificultades sexuales. Hablar sobre estos temas puede ser emocionalmente intenso y requiere tiempo y disposición de ambas partes.

Crear un espacio seguro para expresar sentimientos permite que cada uno se sienta escuchado, comprendido y apoyado, fortaleciendo el vínculo afectivo.

Cada pareja tiene su estilo de comunicación y necesidades emocionales y sexuales únicas, pero ciertas pautas generales pueden facilitar un diálogo más efectivo.

Es importante no guardar silencio, ya que estudios muestran que las parejas que conversan abiertamente sobre sexo reportan mayor satisfacción sexual. Sin embargo, muchas mujeres evitan hablar por miedo a herir a su pareja, vergüenza o para no entrar en detalles.

Reconocer las dificultades y compartirlas es el primer paso para encontrar soluciones. Consultar con un médico o terapeuta puede ayudar a preparar la conversación con la pareja.

Evitar culpas es fundamental. No se debe responsabilizar ni a la pareja ni a uno mismo por los problemas sexuales, para mantener un ambiente constructivo.

Ser honesto acerca de decepciones y frustraciones, aunque sea difícil, es necesario para la salud emocional propia y de la relación.

Trabajar en equipo frente a la depresión y sus efectos sexuales refuerza la alianza de pareja. Es importante recordar que la frecuencia sexual no lo es todo y que cultivar el afecto y la intimidad es clave.

Si la comunicación resulta complicada, la terapia de pareja puede ofrecer un espacio seguro para compartir sentimientos y buscar soluciones con la guía de un profesional.

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