Cultura y sociedad
Siete formas en que el maquillaje puede apoyar el bienestar en la depresión
El maquillaje puede mejorar el ánimo, fomentar la atención plena y apoyar el bienestar emocional en personas con depresión.

El maquillaje no reemplaza el tratamiento para la depresión, pero puede contribuir a mejorar el estado de ánimo, promover la atención plena y favorecer el bienestar emocional en quienes padecen esta condición.
Para algunas personas, aplicar maquillaje es simplemente un acto cotidiano, pero para otras representa una forma significativa de autocuidado y expresión personal que incrementa la confianza y fortalece la identidad, especialmente cuando esta se siente frágil, como suele ocurrir en la depresión.
Una rutina de maquillaje no debe considerarse un sustituto del tratamiento profesional, aunque sí puede fomentar la atención consciente y tener un impacto positivo en el bienestar emocional y social.
El maquillaje como herramienta para recuperar el control
La depresión y la ansiedad suelen ir acompañadas de una sensación de impotencia. Realizar un ritual estructurado y predecible, como una rutina de maquillaje, puede aportar estabilidad en momentos de caos, según Stephanie Boucher, psicoterapeuta registrada especializada en depresión, ansiedad y trauma.
Mikki Lee Elembaby, psicóloga clínica, añade que esta práctica ofrece una forma tangible y pequeña de retomar el control sobre el día, proporcionando una sensación de agencia.
Impacto en la autoestima y la autoimagen
Jillian Amodio, trabajadora social licenciada, explica que las rutinas de autocuidado como el maquillaje nos reconectan con el deseo de lucir y sentirnos bien.
Cuando cuidamos nuestra mente y cuerpo con atención deliberada, basada en el amor y la valoración, enviamos un mensaje poderoso al cerebro: "Importo". Esto puede incrementar la autoestima y el valor personal, detalla Amodio.
El maquillaje como expresión creativa
Según Boucher, la creatividad permite liberar emociones sin necesidad de palabras.
Probar diferentes productos, colores y estilos puede ser una forma divertida y liberadora de desviar la atención de pensamientos intrusivos y expresar la personalidad, incluso si el maquillaje solo se ve en el espejo del baño, señala Amodio.
Mejora de las interacciones sociales
Una rutina de maquillaje puede ayudar a sentirse más preparado y presentable, disminuyendo la autoconciencia en situaciones sociales. Elembaby indica que esto puede hacer que las interacciones resulten menos intimidantes y más placenteras.
Amodio añade que, dado el auge de las tendencias en maquillaje, este puede funcionar como un tema común para romper el hielo y facilitar la conexión con otras personas, ayudando a superar la baja motivación o la ansiedad social que a menudo acompañan a la depresión.
Elevación del estado de ánimo mediante la activación conductual
La depresión suele generar una visión excesivamente crítica de uno mismo, del entorno y del futuro. Celeste Simmons, doctora en psicología, señala que vivir el presente es difícil cuando se está deprimido y mantener una perspectiva positiva puede ser aún más complicado.
Una rutina de maquillaje actúa como una forma de "activación conductual", un enfoque psicológico que consiste en participar en actividades significativas y placenteras para mejorar el ánimo, incluso con baja motivación, explica Simmons.
Elembaby agrega que esta práctica activa el sistema de recompensa cerebral, liberando neurotransmisores como la dopamina, que elevan el estado de ánimo y refuerzan los comportamientos de autocuidado.
Fomento de la atención plena a través del maquillaje
Morgan DeLeo, terapeuta especializada en depresión, ansiedad y autoestima, define la atención plena como la práctica de estar completamente presente y ser más consciente de uno mismo sin emitir juicios.
Boucher destaca que los movimientos lentos, medidos y repetitivos al aplicar maquillaje favorecen la conciencia del momento presente.
Al concentrarse en los colores, texturas, aromas y sensaciones, se puede desviar la mente de pensamientos ansiosos o depresivos, generando un efecto calmante, explica Boucher.
Shanna Bynes Bradford, aromaterapeuta y esteticista médica, comenta que considera su rutina de maquillaje como una forma de terapia porque le permite enfocarse y calmar su mente frente al estrés y la sobrepensación.
El maquillaje como técnica de anclaje sensorial
La técnica de anclaje es una herramienta psicológica que ayuda a activar los sentidos y concentrarse en algo tangible para manejar mejor los pensamientos y emociones, señala Simmons. Una rutina de maquillaje puede facilitar este proceso.
DeLeo apunta que la experiencia sensorial de aplicar maquillaje, tanto táctil como visual, estimula la presencia en el momento y reduce el espacio mental dedicado a los "qué pasaría si" de los pensamientos intrusivos.
Además, la estructura, la previsibilidad y la sensación de control que ofrece una rutina constante funcionan como "anclas" mentales que ayudan a mantenerse presente y conectado con la realidad.
Estudios sobre maquillaje y depresión
La depresión puede adormecer los sentidos y emociones. En días difíciles o abrumadores, el acto sensorial de maquillarse puede ofrecer un breve descanso al anclar la atención en el presente y romper el ciclo negativo de retroalimentación.
Un estudio aleatorizado y controlado publicado en la revista Dermatology and Therapy encontró que el uso frecuente y persistente de maquillaje puede ayudar a reducir los síntomas depresivos y mejorar la percepción de la autoimagen con el tiempo.
Para quienes viven con depresión, una rutina de maquillaje puede constituir una vía creativa accesible que mejora el ánimo y la autoestima. Más allá del estilo, lo que realmente importa es cómo se siente la persona al llevarlo.
Consejos para integrar el maquillaje en el manejo de la depresión
Los expertos recomiendan cuatro formas para incorporar el maquillaje como práctica de autocuidado:
Comenzar con poco: Amodio sugiere iniciar con un solo producto para facilitar la incorporación de la rutina. DeLeo recomienda tenerlo en un lugar accesible para fomentar su uso.
Mantenerlo simple: Amodio aconseja centrarse en la experiencia completa, reflexionando sobre cómo se sentía antes y después, y prestar atención a los aromas y texturas de los productos. Sugiere utilizar productos híbridos que simplifiquen el proceso, como bálsamos labiales con SPF o barras multifunción hidratantes.
Apilar hábitos: Esta técnica consiste en añadir un nuevo hábito a uno ya establecido para facilitar su consolidación. Por ejemplo, maquillarse justo después de cepillarse los dientes, indica DeLeo.
Hacerlo relajante: Amodio recomienda acompañar la rutina de maquillaje con afirmaciones positivas, meditaciones de atención plena o escuchar un podcast favorito para hacerla más agradable.
Es fundamental recordar que, aunque el maquillaje puede ser una herramienta valiosa de autocuidado, no sustituye el tratamiento profesional ni la terapia.
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