Economía
Las entradas de capital extranjero a acciones estadounidenses superaron las destinadas a bonos del Tesoro en el año terminado en junio, alcanzando el 2,8 % del PIB frente al 2 %, según datos del Departamento del Tesoro analizados por Deutsche Bank y citados por Financial Times.

Los flujos de inversión extranjera en Estados Unidos han experimentado un cambio notable: las entradas a acciones norteamericanas rebasaron durante el año finalizado en junio las dirigidas a bonos del Tesoro. Este fenómeno, poco frecuente, refleja crecientes preocupaciones sobre la inflación y el crecimiento de la deuda pública estadounidense, factores que erosionan la percepción tradicional de los bonos gubernamentales como activo más seguro del mundo.
Según un análisis de Deutsche Bank sobre cifras oficiales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, difundido por el diario Financial Times, las inversiones internacionales en acciones estadounidenses equivalieron al 2,8 % del producto interno bruto nacional en el período anual cerrado en junio. En contraste, las colocaciones en bonos del Tesoro representaron el 2 % del PIB. Este desplazamiento es excepcional desde el inicio del siglo XXI, salvo breves episodios vinculados a la pandemia de COVID-19 y a las secuelas de la crisis financiera global.
El impulso bursátil se sustenta en resultados empresariales sólidos y en la ola de inversión relacionada con la inteligencia artificial. El índice S&P 500 avanzó aproximadamente un 12 % desde comienzos de año. Asimismo, las empresas cotizadas en ese índice registraron un aumento del 52 % en sus ganancias respecto al segundo trimestre de 2025, según datos de FactSet. Al excluir a Amazon y Alphabet —cuyas ganancias se vieron potenciadas por sus inversiones en compañías de inteligencia artificial—, el crecimiento fue del 34 %.
Paralelamente, el mercado de bonos del Tesoro enfrenta presión creciente. La deuda pública estadounidense se acerca a los 40 billones de dólares, mientras persiste el déficit presupuestario. Esta situación lleva a los inversores a reconsiderar los riesgos asociados a la tenencia de deuda gubernamental a largo plazo.
El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años subió de 4,83 % a 5,32 % desde principios de año. Por su parte, el rendimiento de los bonos a 10 años superó el 5 %, alcanzando su nivel más alto desde 2007. Las inquietudes no se limitan al volumen de la deuda: también se intensifica la sensibilidad ante la trayectoria de la inflación y de las tasas de interés, así como ante las dudas sobre la capacidad de las políticas fiscal y monetaria para gestionar el incremento de los costos de financiación.
El alza en los rendimientos a largo plazo eleva los costos de endeudamiento para el gobierno, las empresas y los hogares. Además, incrementa la competitividad relativa de los bonos frente a las acciones, lo que podría trasladar tensiones desde el mercado de deuda hacia el accionario.
A pesar de la presión sobre los bonos, las acciones estadounidenses mantienen su atractivo internacional gracias al desempeño de los resultados corporativos, especialmente en tecnología e inteligencia artificial. FactSet confirma que el crecimiento de las ganancias de las empresas del S&P 500 fue del 52 % en el segundo trimestre comparado con el mismo período del año anterior.
Analistas señalan que la solidez patrimonial y los beneficios de numerosas compañías estadounidenses hacen que sus acciones resulten relativamente más atractivas para ciertos inversores, quienes ahora adoptan una postura más cautelosa frente a la situación financiera del gobierno federal. Instituciones globales están ajustando sus carteras: el director del Fondo de Riqueza Soberana de Noruega —con activos por unos 2,3 billones de dólares— propuso reducir sus tenencias de bonos del Tesoro en aproximadamente 80 000 millones de dólares y redirigir parte de esos fondos hacia otros instrumentos de deuda.
Este cambio en los flujos también impacta el mercado cambiario. Expertos advierten que podría modificarse la relación histórica entre el dólar estadounidense y los flujos de capital internacional. Tradicionalmente, el dólar se fortalecía en momentos de turbulencia cuando los inversores extranjeros buscaban refugio en bonos del Tesoro. Ahora, un mayor apetito por las acciones estadounidenses podría vincular más estrechamente la evolución de la moneda con los movimientos de capital hacia el mercado accionario.
Dicho cambio sugiere una transformación en la forma en que los inversores globales perciben los activos estadounidenses: de una estrategia defensiva basada en bonos gubernamentales durante períodos de incertidumbre, hacia una exposición mayor a las acciones con fines de crecimiento y rentabilidad, impulsada en particular por la continuidad de los flujos vinculados a la inteligencia artificial.
No obstante, el giro hacia las acciones no está exento de riesgos. Si los rendimientos de los bonos del Tesoro siguen ascendiendo, aumentará el costo del crédito para las empresas y se reducirá el valor actual de sus ganancias futuras, ejerciendo presión sobre las valoraciones bursátiles. Actualmente, la evolución del mercado de bonos figura entre los principales indicadores observados por los inversores en el mercado accionario, especialmente tras superar el rendimiento a 10 años el umbral del 5 % por primera vez desde 2007.
Estos desarrollos evidencian una revalorización amplia de los riesgos en los mercados estadounidenses. Ya no es solo el rendimiento esperado de las acciones el factor determinante en las decisiones de inversión; los niveles de deuda gubernamental, la inflación y los rendimientos a largo plazo se han convertido en elementos centrales para definir la asignación de capitales entre acciones y bonos.
Al mismo tiempo, el aumento de los flujos hacia las acciones no implica una desaparición de la demanda de bonos del Tesoro. Los inversores extranjeros aún poseen cerca del 40 % del total de bonos del Tesoro en circulación, medido a valor de mercado. Esto confirma que el cambio actual corresponde a una reasignación de flujos, no a una retirada generalizada del mercado de deuda estadounidense.



