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Según un informe de la revista Foreign Affairs, los ciberataques chinos han evolucionado más allá del espionaje, con el objetivo de comprometer la infraestructura crítica de Estados Unidos y sus aliados para futuros actos de sabotaje.

Las ciberataques chinos se han convertido en una amenaza que trasciende el espionaje y la recopilación de información, con Pekín buscando penetrar en la infraestructura crítica de Estados Unidos y sus aliados, según un informe de la revista "Forien Affairs", preparando así el terreno para utilizar estas intrusiones en operaciones de sabotaje que podrían afectar a la electricidad, el agua, el transporte y las comunicaciones.
Según el informe, piratas informáticos chinos lograron acceder a redes estadounidenses sensibles y mantenerse en ellas durante largos periodos, mientras que infraestructuras vitales en países aliados de Estados Unidos sufrieron ataques similares, incluyendo hospitales en Taiwán, redes eléctricas en la India y sistemas de comunicación en Singapur.
La peligrosidad de esta vía radica, según el informe, en la propia naturaleza de la infraestructura estadounidense: muchas centrales eléctricas, tuberías y instalaciones críticas dependen de equipos antiguos diseñados principalmente para garantizar la estabilidad operativa, no para resistir ataques digitales.
Al incorporar posteriormente estos equipos a redes de computadoras y servicios de monitoreo remoto, surgieron puntos débiles que pueden explotarse sin necesidad de un ataque físico directo.
El riesgo aumenta con la diferencia entre los modelos estadounidense y chino, ya que Pekín posee una mayor capacidad para supervisar y proteger las redes centrales gestionadas por el Estado, mientras que la infraestructura estadounidense está distribuida entre miles de empresas y entidades locales, lo que dificulta la unificación de medidas de protección y la detección de vulnerabilidades.
La inteligencia artificial agrava esta brecha, según el informe, al otorgar a los atacantes una mayor capacidad para analizar sistemas, descubrir sus puntos débiles y ejecutar operaciones complejas con rapidez.
También puede dificultar aún más la identificación de quién está detrás del ataque, especialmente si sistemas de inteligencia artificial llevan a cabo operaciones ofensivas con un alto grado de autonomía.
Pero la propia tecnología ofrece a Estados Unidos una nueva oportunidad de defensa, según el informe, que propone a los expertos utilizar la inteligencia artificial para crear copias digitales exactas de las infraestructuras reales, conocidas como "gemelos digitales", que puedan someterse a pruebas continuas para simular grandes ataques y detectar vulnerabilidades antes de que sean explotadas.
"Foreign Affairs" insta a Washington a establecer un sistema nacional seguro que reúna al gobierno, empresas de inteligencia artificial y operadores de infraestructuras críticas, de modo que estas copias digitales estén sujetas a pruebas constantes, se definan prioridades de seguridad según los puntos más vulnerables y se actúe proactivamente.
Asimismo, propone ofrecer protección legal y estímulos financieros a las empresas que revelen sus vulnerabilidades, junto con financiamiento para reparaciones y el intercambio de información con aliados.
Los expertos advierten que tener la tecnología ya no es el principal desafío para Estados Unidos, sino la velocidad con la que se utiliza; cuanto más tiempo permanezcan las vulnerabilidades en las redes de energía, agua, transporte y comunicaciones, mayor será la capacidad de China para transformar debilidades digitales en herramientas de presión y parálisis en cualquier enfrentamiento futuro.



