Economía
El yen alcanzó su nivel más alto en 38 años frente al dólar en julio, lo que impulsó a las autoridades japonesas a intervenir. Estados Unidos se unió por primera vez a este esfuerzo, usando parte de sus reservas de divisas para comprar yenes junto con el Banco de Japón.

El yen alcanzó un nivel de 163 yenes por dólar a finales de julio (julio) pasado, su máximo desde 1986, lo que obligó a las autoridades japonesas a tomar medidas de emergencia para apoyar la moneda. En un desarrollo sin precedentes, el Departamento del Tesoro de EE. UU. se sumó a la intervención, utilizando parte de sus reservas de divisas extranjeras para comprar yenes en coordinación con el Banco de Japón.
La estrategia de la "carry trade" consiste en prestar dinero en una moneda de bajo costo como el yen, luego convertir los fondos a otras monedas e invertir en activos que generen un rendimiento mayor. Según la revista The Economist, esta estrategia se ha convertido durante años en una de las fuentes más importantes de liquidez en los mercados mundiales, aprovechando la gran diferencia entre las tasas de interés bajas en Japón y las altas en Estados Unidos y otros países.
Mientras el yen permanecía débil o estable, los inversores se beneficiaban de la diferencia de rendimiento entre las dos monedas. Pero un aumento del yen eleva el costo de recomprar la moneda japonesa necesaria para pagar los préstamos, lo que obliga a los inversores a vender los activos que compraron y cerrar sus posiciones. Si esto ocurre a gran escala, la operación podría transformarse en una ola de ventas simultáneas en mercados de acciones, bonos y activos de alto riesgo.
El Banco de Japón desempeñó un papel excepcional en proporcionar liquidez barata a los mercados mundiales durante años de política monetaria extremadamente expansiva, manteniendo tasas de interés muy bajas mientras que otros bancos centrales aumentaban los costos del crédito para combatir la inflación. Como resultado, el yen se convirtió en una de las principales monedas de financiamiento del mundo. Pero la transición gradual de la política monetaria japonesa hacia tasas de interés más altas está reconfigurando la ecuación que respaldó la "carry trade" durante décadas.
La intervención del Departamento del Tesoro de EE. UU. adquiere especial importancia, ya que rara vez interviene directamente para respaldar la moneda de otro país, especialmente cuando se trata de reconfigurar flujos de capital global. Este movimiento llega en un momento en que la debilidad del yen se ha convertido en una cuestión económica y política para Japón debido a su impacto en los precios de las importaciones, el costo de la energía y la alimentación, así como en el poder adquisitivo de las familias japonesas. Por otro lado, un fuerte aumento del yen podría dañar a los exportadores japoneses, lo que coloca a las autoridades ante una delicada ecuación entre evitar el colapso de la moneda y mantener su competitividad.
El Banco de Japón se ha convertido, de forma indirecta, en uno de los mayores proveedores de financiamiento para los mercados globales durante años de política monetaria extremadamente expansiva. Pero la transición hacia una política más restrictiva podría convertir esta ventaja en una fuente de riesgos. Cuanto más aumente el costo del financiamiento en yenes, menos atractivas se vuelven las inversiones basadas en préstamos en esta moneda. Si esto se combina con un fortalecimiento del yen, el cierre de estas posiciones podría volverse urgente. La sensibilidad de la situación radica en la enorme cantidad de dinero vinculada a esta estrategia, ya que no se puede medir fácilmente todas las posiciones de la "carry trade", dado que están distribuidas entre fondos de cobertura, bancos, inversores institucionales y diversos instrumentos financieros.



