IA
El vicepresidente Vance alertó sobre un modelo de IA que podría atacar infraestructuras críticas, lo que llevó a la Casa Blanca a considerar nuevas regulaciones.

La rápida evolución de los modelos de inteligencia artificial más sofisticados ha encendido las alarmas en la Casa Blanca. El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, advirtió que ciertas tecnologías capaces de detectar vulnerabilidades de software por sí mismas podrían poner en peligro la infraestructura crítica del país, según informó el diario The Wall Street Journal.
Durante una llamada telefónica en abril con altos ejecutivos de empresas de inteligencia artificial, Vance expresó su preocupación específica por el modelo "Mythos", desarrollado por la compañía Anthropic. Según el vicepresidente, las capacidades de este sistema podrían facilitar ciberataques contra bancos pequeños, hospitales y plantas de agua, entidades que los gobiernos locales no tienen los recursos suficientes para proteger.
En la conversación participaron figuras clave del sector tecnológico, como Sam Altman, Dario Amodei, Elon Musk, Sundar Pichai y Satya Nadella.
Este temor ha provocado un debate interno en la administración estadounidense sobre la posibilidad de emitir una nueva orden ejecutiva que imponga un mecanismo de supervisión formal sobre los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Esto supondría un cambio significativo respecto al enfoque anterior, que priorizaba acelerar la innovación y competir con China en la carrera de la IA.
La agencia Axios reportó que la Casa Blanca prepara directrices que permitirían a las agencias gubernamentales eludir la clasificación de riesgo en la cadena de suministro que pesa sobre Anthropic, autorizando así la incorporación de sus modelos más potentes, incluido "Mythos".
Funcionarios de la Casa Blanca han solicitado a Anthropic que retrase la expansión del acceso a "Mythos" para entidades que gestionan infraestructura digital sensible. Además, se ha encargado al director de Seguridad Cibernética Nacional, Sean Cairncross, liderar la respuesta gubernamental ante estos desarrollos.
Las nuevas medidas han generado divisiones dentro de la administración. Algunos funcionarios y asistentes del Congreso temen que estas acciones representen un retroceso en la política de apertura previa hacia la inteligencia artificial. Por otro lado, quienes apoyan un control más estricto argumentan que los avances recientes exigen regulaciones más severas.
El inversor y asesor de la Casa Blanca, David Sacks, defendió un enfoque menos restrictivo. Sostuvo que los riesgos pueden contenerse si las empresas utilizan las herramientas de IA para fortalecer la seguridad digital en lugar de amenazarla.
La jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, afirmó que la administración busca un equilibrio entre innovación y supervisión, reiterando el compromiso con la estrategia "América Primero" para desarrollar tecnología avanzada de manera segura.
Empresas como OpenAI ya han tomado medidas cautelares. La compañía indicó que consultó con la administración estadounidense antes de presentar su modelo de seguridad avanzado "GPT-5.5-Cyber", que posee capacidades similares a las de "Mythos", y aseguró que impone restricciones de acceso al mismo.
Por otro lado, el sitio The Information reportó, citando a una fuente al tanto, que Anthropic se comprometió a gastar 200 mil millones de dólares en servicios de Google Cloud durante cinco años, como parte de un acuerdo firmado recientemente.
Estos acontecimientos ocurren mientras Washington y Pekín se preparan para discutir los riesgos asociados a la inteligencia artificial en una cumbre próxima en China, que reunirá al presidente estadounidense Donald Trump con el presidente chino Xi Jinping.
En una muestra adicional de la creciente preocupación, el director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, Kevin Hassett, comparó el posible mecanismo de supervisión de los modelos de IA con los procesos de aprobación de medicamentos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA). Esta comparación provocó críticas de grupos partidarios del libre mercado, que consideran que tales restricciones podrían frenar el crecimiento del sector estadounidense frente a la competencia global.