IA
El Fondo Monetario Internacional estima que la inteligencia artificial podría elevar la productividad de las economías europeas un 1 % en cinco años, aunque acentuaría la desigualdad, presionaría las redes eléctricas y profundizaría la dependencia de tecnología extranjera si no se refuerza la integración económica del bloque.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó que la inteligencia artificial podría incrementar la productividad de las economías europeas en aproximadamente un 1 % durante los próximos cinco años. Sin embargo, esa ganancia vendría acompañada de efectos colaterales significativos: mayor desigualdad entre trabajadores y regiones, presión adicional sobre las redes eléctricas continentales y un fortalecimiento de la dependencia estratégica de tecnologías extranjeras, a menos que los gobiernos impulsen una mayor integración económica dentro del bloque.
Una nota técnica preparada por el FMI para una reunión informal de ministros de Finanzas de la Unión Europea en Dublín, los días 18 y 19 de septiembre, subraya que tanto los beneficios como los costos derivados de la inteligencia artificial se distribuirán de forma asimétrica. Esa disparidad afectará a distintos Estados miembros, a zonas geográficas específicas y a colectivos laborales heterogéneos. El documento señala que completar el mercado único europeo facilitaría una adopción más amplia de la IA y permitiría una repartición más equilibrada de sus ventajas entre los veintisiete Estados miembros.
Según el análisis del FMI, cerca del 60 % de los trabajadores en las economías europeas avanzadas desempeñan funciones altamente susceptibles a la influencia de la inteligencia artificial. Algunos podrían ver mejorada su productividad gracias a herramientas basadas en IA, mientras que otros enfrentan riesgos concretos de pérdida laboral, especialmente en tareas rutinarias susceptibles de automatización. El informe distingue claramente entre puestos donde la IA actúa como complemento humano y aquellos donde su rol es sustitutivo.
La nota destaca que los centros de datos europeos ya consumen alrededor del 3 % de la electricidad total generada en el continente. Con la expansión prevista del uso de inteligencia artificial, se anticipa un aumento brusco de la demanda energética. Las ciudades con concentraciones importantes de infraestructura tecnológica —como Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín— son particularmente vulnerables, dado el impacto acumulado que ejercen los centros de datos existentes sobre las redes eléctricas locales.
El FMI insta a la Unión Europea a invertir en infraestructuras eléctricas transfronterizas y a profundizar la integración del mercado energético continental para mitigar esas presiones. Además, advierte que Europa podría verse obligada a asumir una nueva forma de dependencia estratégica, dada la hegemonía estadounidense y china en el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial. Para evitar esa situación, el organismo considera indispensable realizar inversiones sustanciales en el ecosistema local de IA.
El FMI concluye que las ganancias derivadas de la inteligencia artificial tenderán a distribuirse de manera desigual tanto entre los Estados miembros como dentro de cada uno de ellos, y anticipa que las economías más avanzadas obtendrán mayores beneficios, debido a su mayor capacidad de adaptación tecnológica y a su exposición más intensa a los efectos de la IA.



