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China lidera el auge del internet controlado por estados como Irán

China impulsa un modelo de internet fragmentado bajo control estatal que otros países autoritarios, como Irán, están adoptando, según alerta un informe sobre la digitalización mundial.

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China lidera el auge del internet controlado por estados como Irán
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La publicación británica The Guardian advierte sobre la acelerada fragmentación del espacio digital global a medida que regímenes autoritarios amplían las restricciones en internet y aíslan a sus ciudadanos de la red abierta, lo que podría convertir el mundo digital en un conjunto de redes separadas bajo control gubernamental.

China ha dejado de ser solo un país que ejerce censura en su territorio y se ha convertido en un modelo para varios gobiernos que buscan controlar el flujo de información y limitar la libertad de expresión, contribuyendo así a la consolidación del fenómeno conocido como "internet fragmentado" a nivel mundial.

El gigante asiático presume de contar con el mayor número de usuarios de internet en el mundo, alcanzando 1.125 millones de usuarios al cierre de 2025, según cifras oficiales.

No obstante, esta vasta cantidad de usuarios opera en un espacio digital sujeto a estrictas limitaciones impuestas por el denominado "Gran Cortafuegos", que no solo bloquea contenido político sensible, sino que también restringe el acceso a grandes plataformas y empresas tecnológicas internacionales como Google y Meta.

Informes de inteligencia señalan que China ha suministrado a Irán sistemas de alerta temprana, según The Guardian.

El medio describe que lo que se ha desarrollado en China se asemeja a la mayor red de internet cerrada del mundo, donde los usuarios son dirigidos hacia un ecosistema digital local supervisado por el Estado.

China ya no es un caso aislado, sino que lidera la exportación del modelo de "soberanía cibernética", que críticos califican como un sistema integral de censura y represión digital. A través de eventos como el Congreso Mundial de Internet y otras iniciativas, el país busca legitimar la censura estatal y proporcionar a otros gobiernos herramientas legales, técnicas y experiencia para controlar el ciberespacio.

El periódico indica que China obtiene beneficios políticos y comerciales al exportar tecnologías de vigilancia, y destaca la creencia generalizada de que Irán ya utiliza tecnologías chinas para gestionar su espacio digital.

En otoño del año pasado, una filtración reveló que la empresa china Gedge, vinculada a uno de los principales ingenieros del sistema de censura chino conocido como "el padre del Gran Cortafuegos", comercializó y vendió tecnologías de vigilancia a varios países, entre ellos Etiopía, Pakistán y Myanmar.

Además, la organización de derechos humanos Article 19 informó que las alianzas chinas en infraestructura digital y gobernanza de internet han contribuido a fortalecer prácticas autoritarias en varios países de las regiones del Indo-Pacífico, reflejando así la expansión de la influencia china en la configuración del entorno digital global.

Según el informe de Access Now y la alianza #KeepItOn, durante el año pasado se registraron al menos 313 interrupciones del servicio de internet en 52 países, la cifra más alta hasta la fecha.

Estas desconexiones suelen ocurrir en períodos de conflictos, protestas o crisis políticas, donde la privación del acceso a la información se utiliza como un mecanismo de control y represión.

El artículo cita el caso de Irán, que retomó parcialmente el acceso a internet tras un apagón que duró 88 días, aunque las restricciones vigentes continúan generando descontento entre la población.

Se señala que aislar a los ciudadanos del mundo exterior no solo tiene consecuencias políticas, sino también económicas, que podrían aumentar el malestar social.

Mientras China adopta un modelo avanzado de censura digital, otros países intentan seguir su ejemplo. En Irán, los usuarios mantienen acceso a servicios locales bajo supervisión estatal, como aplicaciones de mensajería y plataformas de video nacionales.

Por su parte, Rusia avanza hacia la implementación de un sistema de "lista blanca" que limita el acceso solo a sitios autorizados oficialmente, y promueve la aplicación estatal Max como alternativa a WhatsApp y Telegram, que enfrentan crecientes restricciones.

Sin embargo, The Guardian considera que Moscú podría tener dificultades para replicar el modelo chino, dado que Pekín ha desarrollado plataformas locales que muchos usuarios perciben como competidoras reales, e incluso más atractivas, frente a sus equivalentes occidentales, como la aplicación multifuncional WeChat.

En la conclusión de su editorial, el periódico subraya que el aumento de la capacidad estatal para restringir internet con costos reducidos y la disminución del interés internacional hacen que la labor de los defensores de las libertades digitales sea más crucial que nunca.

No obstante, estas iniciativas enfrentan crecientes obstáculos tras la reducción por parte de Estados Unidos de la financiación a múltiples programas dedicados a la defensa de la libertad en internet, en un contexto donde otros países democráticos también han disminuido su apoyo a organizaciones de la sociedad civil en el extranjero.

Finalmente, el medio sostiene que las libertades digitales no son un asunto marginal, sino un componente esencial del derecho humano al acceso a la información y a la expresión, advirtiendo que la expansión del internet fragmentado afecta no solo a las sociedades sometidas a censura, sino que pone en riesgo el futuro del espacio digital global.

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