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India mantiene suspendido el tratado del río Indo, lo que genera incertidumbre y riesgos estratégicos para Pakistán en su seguridad hídrica y alimentaria.

En el sur de Asia, aumentan las preocupaciones sobre un posible conflicto por el agua entre India y Pakistán, tras la confirmación de Nueva Delhi de la suspensión del tratado que regula el reparto del agua del río Indo desde 1960.
Aunque hasta ahora no se han registrado cambios significativos en los flujos hídricos, la reducción en la coordinación técnica y el intercambio de datos entre ambos países abre una etapa de incertidumbre con posibles consecuencias estratégicas y de seguridad en los próximos años.
El cauce del río Indo constituye la base del suministro de agua y alimentos en Pakistán, ya que aporta entre el 80% y 90% de las necesidades del sector agrícola, responsable de cerca del 90% de la producción alimentaria nacional.
Además, una gran parte del agua potable, los servicios municipales y la generación hidroeléctrica dependen de las aguas de esta cuenca.
La situación es especialmente delicada debido a la limitada capacidad de almacenamiento de agua en Pakistán, donde las reservas alcanzan para aproximadamente 90 días, cifra considerablemente inferior a los promedios regionales y globales.
Pakistán enfrenta desafíos adicionales derivados del rápido crecimiento demográfico, la infraestructura hídrica deficiente, la baja eficiencia de los sistemas de riego y los efectos del cambio climático, que incrementan los riesgos de sequías, inundaciones y variabilidad en las temporadas de lluvia.
Por su parte, India aún no dispone de la infraestructura necesaria para desviar o almacenar grandes volúmenes de agua de los ríos occidentales que corresponden a Pakistán, lo que explica la ausencia de una disminución significativa en el caudal que llega a su vecino.
No obstante, la suspensión del tratado ha provocado la paralización de los mecanismos oficiales de coordinación, especialmente en el intercambio de datos sobre el flujo de los ríos, alertas tempranas de inundaciones y comunicación técnica bilateral.
Esta falta de coordinación dificulta la planificación agrícola y la gestión de los recursos hídricos en Pakistán, sobre todo en temporadas críticas que requieren pronósticos precisos sobre los niveles de agua.
La profesora Sriparna Patak, experta en estudios asiáticos de la Universidad Global O.P. Jindal, afirmó en una entrevista exclusiva que la suspensión del tratado otorga a India un margen estratégico para ejercer presión sobre Pakistán, aprovechando su posición como país de origen que controla los principales afluentes del sistema fluvial del Indo, del que Pakistán depende en gran medida.
Patak explicó que, aunque India no puede cortar completamente el flujo de agua a corto plazo, sí puede utilizar diversas herramientas técnicas y operativas, como acelerar proyectos de almacenamiento y presas, optimizar el uso de su cuota no explotada de agua, mejorar la gestión de embalses e instalaciones hidroeléctricas, y modificar los tiempos de liberación del agua para aumentar la presión sobre sectores vitales en Pakistán, especialmente durante las temporadas de sequía.
Estas medidas, desde la perspectiva india, constituyen una respuesta calculada vinculada a la seguridad nacional y a la lucha contra lo que Nueva Delhi considera apoyo a grupos armados transfronterizos, y no un escalamiento precipitado.
India avanza en la ejecución de varios proyectos hidroeléctricos y de gestión de ríos en la cuenca del Indo, incluyendo iniciativas en el río Chenab y planes para desviar parte del caudal de algunos afluentes hacia otros sistemas fluviales dentro de su territorio.
Aunque la mayoría de estos proyectos están en fases iniciales o de planificación, Islamabad los percibe como pasos que podrían aumentar la capacidad de India para controlar el flujo de agua en el futuro, lo que representa una amenaza directa para su seguridad hídrica.
Patak destacó que India cuenta con recursos económicos, financieros y técnicos para desarrollar estos proyectos a largo plazo, y que la construcción de nuevas infraestructuras de almacenamiento y control otorgaría a Nueva Delhi mayor influencia sobre la gestión del agua en la cuenca en los próximos años.
Expertos en recursos hídricos señalan que cualquier cambio significativo en los flujos de los ríos requeriría la construcción de grandes presas y embalses, procesos que demandan años de inversión y trabajo antes de impactar realmente sobre el terreno.
Además, Pakistán enfrenta disputas internas crónicas entre sus provincias sobre la gestión del agua y nuevos proyectos de presas. Las regiones ubicadas en la desembocadura, como Sindh y Baluchistán, temen que las nuevas presas reduzcan sus cuotas de agua, mientras otras provincias impulsan proyectos de almacenamiento para afrontar la creciente escasez.
El proyecto "Pakistán Verde" del año pasado evidenció la dificultad de alcanzar consensos políticos en torno a grandes iniciativas hídricas, ya que protestas locales obligaron a suspenderlo a pesar del respaldo federal y militar.
Patak considera que estos desafíos internos, junto con la débil gestión de recursos y presiones económicas, hacen a Pakistán más vulnerable a cualquier cambio futuro en la administración del agua del Indo, incluso si inicialmente son limitados.
A corto plazo, es probable que el conflicto se mantenga en el ámbito diplomático y político, pero el escenario más grave sería que India amplíe significativamente su capacidad de almacenamiento y modifique el calendario de liberación del agua durante temporadas agrícolas sensibles.
En tal caso, Pakistán podría intensificar sus campañas diplomáticas y buscar internacionalizar la cuestión, vinculando el tema del agua con las tensiones de seguridad más amplias con India, lo que aumentaría la probabilidad de crisis fronterizas y enfrentamientos limitados.
Patak señaló que experiencias de países de origen de ríos en otras regiones, como Turquía en los ríos Tigris y Éufrates o China en la gestión de presas sobre el Mekong, muestran cómo los recursos hídricos pueden emplearse como herramientas de influencia geopolítica.
India busca fortalecer su posición estratégica aprovechando sus ventajas geográficas y económicas, aunque mantiene abierta la posibilidad de retomar acuerdos de cooperación si las relaciones con Pakistán experimentan cambios sustanciales y sostenidos.
Analistas consideran poco probable un estallido de una "guerra del agua" total, debido a factores disuasorios como la interdependencia geográfica de los sistemas fluviales, los elevados costos económicos y humanos de una interrupción masiva, y la posesión de armas nucleares por ambos países, que incrementa el costo de un conflicto generalizado.
Si bien la crisis del agua no parece destinada a convertirse en un enfrentamiento directo a corto plazo, la erosión continua de los mecanismos de cooperación entre Nueva Delhi e Islamabad podría convertir el agua en un factor adicional de fragilidad en la relación bilateral y complicar la gestión de futuras crisis en una de las regiones más tensas del mundo.



