Mundo
Diez semanas sin tráfico en el estrecho de Ormuz provocan una inminente escasez de material médico de plástico en Francia, mientras el gobierno guarda silencio.

Diez semanas después del cese de la navegación en el estrecho de Ormuz, los hospitales y farmacias franceses se enfrentan a una amenaza directa: la falta de suministros médicos de plástico, desde jeringas y catéteres hasta mascarillas y bolsas quirúrgicas. Lo que parecía un problema lejano, a miles de kilómetros de París, se ha convertido en una crisis sanitaria inminente. Y lo más grave, según denuncian varios actores del sector, es que el gobierno galo opta por el secretismo, repitiendo el patrón de los primeros meses de la pandemia de covid-19 en 2020.
El vínculo entre el estrecho de Ormuz y los quirófanos franceses es petroquímico. El plástico, material base de una enorme cantidad de equipos médicos, se deriva directamente del petróleo. Al detenerse el paso de los buques tanque, se interrumpió el flujo de petroquímicos necesarios para fabricar las materias primas de la industria sanitaria, según explica el diario Le Parisien.
Las cifras dibujan un panorama alarmante. El precio de la tonelada de polipropileno, componente esencial de decenas de productos sanitarios, se ha duplicado desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, pasando de 1.200 a más de 2.400 euros. Además, el coste de los gránulos de plástico virgen, la materia prima para la producción de plástico, ha aumentado más de un 30%.
Joseph Tayef, secretario general de la alianza del plástico Plastalliance, que representa a la industria europea del sector —con 3.000 fábricas y unos 120.000 trabajadores solo en Francia—, advierte que se desconoce el nivel real de las reservas estratégicas de numerosos productos: mascarillas, guantes, catéteres, batas médicas, jeringas, tubos, sondas, envases de esterilización y bolsas de transfusión de sangre. “Estos precios son la última etapa antes del colapso en el suministro. Y cuando llegue ese colapso, podría ser mucho peor que lo que vivimos durante la pandemia de covid”, afirma Tayef.
Una médica que dirigió un servicio en una clínica parisina describe el problema estructural: “Cada farmacia, ya sea de las 20.000 abiertas al público o de las que están en hospitales y clínicas, depende de su propio stock. Según su tamaño, actividad y ubicación geográfica, ese stock puede durar desde unos pocos días hasta unas pocas semanas. Nada más”.
Frente al mutismo del gobierno francés, el Reino Unido ha actuado de forma opuesta. El sistema público de salud británico (NHS) ha expresado públicamente su preocupación por una escasez inminente y un fuerte aumento en los costes de medicamentos y equipos médicos.
En Francia, mientras tanto, los parlamentarios han comenzado a moverse. El senador Vincent Louault (movimiento Horizons) envió el 30 de abril una pregunta escrita a la ministra de Sanidad, Stéphanie Rist, señalando “graves preocupaciones” sobre el suministro de dispositivos médicos y equipos de protección de plástico al sistema sanitario. En la Asamblea Nacional, la diputada Anne-Laure Blin remitió una comunicación oficial titulada “Riesgo de parálisis de la atención sanitaria: ¿qué soberanía sobre los dispositivos médicos?”, publicada en el Boletín Oficial el 5 de mayo. El diputado Philippe Juvin, ponente general de los presupuestos del Consejo y anestesista-reanimador, prepara una misiva similar para preguntar a la ministra sobre las alternativas ante una posible escasez de materiales plásticos de uso intensivo en los hospitales.
La situación es aún más sombría en lo que respecta a las reservas estratégicas del Estado. Durante las audiencias de enero ante una sección del Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE), funcionarios de la agencia de salud pública francesa (SPF) admitieron no poder proporcionar datos precisos debido a fallos en el sistema informático. Gilles Bonfond, expresidente del sindicato de farmacéuticos y miembro del CESE, comenta: “Hay una verdadera nebulosa en el peor momento posible. Y ese es precisamente el peligro”.
El Ministerio de Sanidad ha anunciado su intención de retomar el control de la gestión de este expediente el próximo año, pero, como describen los expertos, “entre ahora y el año que viene, el vacío se agranda”.
Si el conflicto se prolonga y la crisis se agrava, la consecuencia práctica, según Bonfond, sería la “cancelación de operaciones quirúrgicas”, la pesadilla que vivieron los hospitales franceses en el pico de la crisis de covid, cuando se anularon miles de intervenciones y la atención sanitaria retrocedió a niveles desconocidos. El director general del grupo Air Liquide, François Jackow, informó a los accionistas el 5 de mayo: “Estamos empezando a notar repercusiones en las cadenas de suministro, con una posible escasez de ciertos materiales vitales, especialmente el plástico”.
El Ministerio de Sanidad optó por no hacer comentarios cuando el diario Le Parisien solicitó su versión.