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Peter Magyar asume la jefatura de gobierno en Hungría el 9 de mayo de 2026, tras una aplastante victoria electoral que pone fin a 16 años de gobierno de Viktor Orbán.

El 9 de mayo de 2026, el Parlamento húngaro será escenario de la ceremonia de investidura de Peter Magyar como primer ministro, marcando el inicio de una nueva era política. La derrota electoral de Viktor Orbán y su partido Fidesz, ocurrida el 12 de abril, se consuma tras 16 años de poder ininterrumpido. Magyar obtuvo el 53% de los votos, pero los acontecimientos previos a la toma de posesión han resultado aún más dramáticos que la propia contienda electoral.
El lunes 4 de mayo, Gyula Balasi, el magnate de medios más poderoso de Hungría y figura clave del régimen de Orbán, apareció en una transmisión en vivo del sitio "Control" con el rostro desencajado y los ojos llorosos. Anunció su disposición a "donar todas sus empresas al Estado". La policía confirmó al día siguiente el congelamiento de cuentas y el decomiso de sumas de dinero vinculadas a sus compañías, en el marco de una investigación por lavado de dinero.
Las cifras de Balasi son abrumadoras: cerca de 100 mil millones de florines húngaros, equivalentes a 280 millones de euros, acumulados en dividendos a través de empresas que ostentaban el monopolio de la publicidad para servicios públicos en Hungría. Según el diario francés *Le Monde*, en 2024 invirtió en secreto en la adquisición del canal europeo Euronews. Ahora afirma no tener "razón alguna para abandonar Hungría", mientras circulan rumores sobre la huida de otros allegados al antiguo régimen.
El 22 de abril, la fiscalía, históricamente subordinada al poder ejecutivo, anunció el arresto de dos personas cercanas al hermano menor de Orbán por una investigación de visas falsificadas. Al día siguiente, la agencia de protección al consumidor abrió una investigación por "minería no regulada" contra una empresa propiedad de otro hermano de Orbán y su madre. El 23 de abril, el Ministerio de Cultura publicó la lista completa de beneficiarios de un fondo de apoyo cultural que se había manejado en secreto, revelando nombres de cantantes que participaron en campañas del partido y de un amigo de la hija mayor de Orbán, Raquel Orbán, cuyo proyecto teatral recibió más de 800.000 euros.
Los analistas describen estos movimientos como un "rescate de las instituciones a sí mismas". Tras años de sumisión a Orbán, los organismos estatales intentan demostrar su independencia por temor a ser responsabilizados. Magyar ha dado al presidente húngaro, Tamás Sulyok, un ultimátum hasta el 31 de mayo para que renuncie, y ha extendido la misma advertencia a los líderes de la fiscalía, el consejo constitucional y el consejo de medios. Si se niegan, Magyar cuenta con una mayoría parlamentaria de más de dos tercios de los escaños, suficiente para destituirlos.
La investigadora Ágnes Orbán, del organismo de control de medios Mérték Média Monitor, destaca la entrevista de Magyar en la televisión estatal como un momento clave. Los presentadores que lo habían atacado durante 18 meses se vieron obligados a recibirlo en un programa que los húngaros recuerdan con una tensión inédita. Señala que los canales privados cercanos a Orbán "dependían completamente de la financiación estatal y no pueden sobrevivir en un mercado normal". El canal privado TV2, propiedad del yerno de Orbán, el húngaro más rico, suspendió su programa de noticias de entretenimiento "Teny". Orbán señaló que "muchos votantes de Fidesz se dieron cuenta de repente de que habían sido engañados por los medios, y esto es una especie de despertar".
Sin embargo, el panorama no está exento de interrogantes. Magyar tuvo que dar marcha atrás después de considerar nombrar a su yerno como ministro de Justicia, lo que evoca temores de un "nepotismo revisado". La investigadora Orbán advierte que "las reformas institucionales reales requieren mucho tiempo", citando que las regulaciones europeas para prevenir abusos como los del anterior primer ministro también prohíben despidos apresurados en los medios públicos. Según una encuesta del instituto Medián, el 65% de los húngaros quiere que Orbán sea juzgado, pero el líder de Fidesz permanece en gran medida en silencio.



