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Manila amplía su cooperación militar con Ucrania para adquirir experiencia en drones de bajo costo y modelos de innovación acelerada, tras una visita oficial a Kiev el 24 de julio y ante crecientes tensiones con China en aguas disputadas.

Las autoridades filipinas han decidido reforzar sus capacidades defensivas en el Mar de China Meridional mediante una colaboración estratégica con Ucrania centrada en tecnologías de drones no tripulados. La iniciativa responde a la necesidad de fortalecer la vigilancia marítima, el reconocimiento táctico y las capacidades de disuasión no convencional en un contexto de escalada de fricciones regionales.
El 24 de julio, una delegación filipina encabezada por Salvador Mison, subsecretario del Departamento Nacional de Defensa, viajó a Kiev. Allí mantuvo reuniones con Ihor Kovačev, viceministro de la Oficina del Presidente de Ucrania. Ambas partes acordaron iniciar los trabajos para establecer un marco formal de cooperación que incluya producción conjunta de aeronaves no tripuladas, transferencia tecnológica y colaboración en ciberseguridad. Este compromiso se erige como desarrollo de una memorando de entendimiento presentado por Ucrania el año anterior.
Expertos destacan que el valor principal del intercambio no radica únicamente en los sistemas físicos de drones, sino en el modelo operativo que ha desarrollado Kiev desde el inicio del conflicto armado: una integración ágil entre personal militar, ingenieros, desarrolladores de software, analistas de inteligencia y actores del sector privado para diseñar y desplegar plataformas de combate a ritmo acelerado. Arnault Lefort, profesor de geografía política en la Universidad París Dauphine, señala que este enfoque podría permitir a Filipinas construir una arquitectura defensiva flexible basada en drones de reconocimiento económicos, sistemas de visión en primera persona (FPV), tecnologías de detección de aeronaves no tripuladas y redes de comunicaciones seguras.
Lefort subraya, sin embargo, que la capacidad de Ucrania para suministrar equipos militares en grandes volúmenes está severamente limitada por su situación bélica actual. Por ello, el eje del acuerdo probablemente se desplace hacia la transmisión de conocimientos técnicos, la capacitación especializada, la entrega de diseños y la creación de alianzas industriales, más que hacia la provisión de sistemas listos para operar. Además, advierte que el entorno del Mar de China Meridional difiere sustancialmente del escenario del Mar Negro: las confrontaciones allí se dan principalmente en la denominada “zona gris”, donde participan buques de la guardia costera, milicias navales y embarcaciones civiles. En ese marco, los drones resultan particularmente eficaces para tareas de observación continua y recolección de evidencia, no para operaciones ofensivas directas.
Chester Cabalza, fundador del Centro de Desarrollo y Cooperación en Seguridad en Manila, considera que la asociación con Ucrania —especialmente en tecnologías de contramedidas contra drones— puede otorgar un impulso significativo a la disuasión filipina. Sugiere aprovechar la experiencia ucraniana en vigilancia aérea para proteger las aguas territoriales. Sylvia Monica Gorska, investigadora en relaciones internacionales de la Universidad Central de Lancashire, matiza esta perspectiva: advierte que el acuerdo no debe interpretarse como una vía inmediata para acceder a tecnología avanzada. Según ella, la cooperación podría abarcar desde investigación y desarrollo hasta producción compartida, pero estará sujeta a restricciones legales vinculadas a derechos de propiedad intelectual y controles sobre la exportación de tecnologías militares. Gorska insiste en que Manila debe definir con precisión sus necesidades operativas antes de firmar cualquier compromiso, evitando asumir que las soluciones ucranianas son automáticamente aplicables a todos los desafíos que enfrenta.
Aunque Filipinas ya dispone de una flota creciente de drones —entre ellos los sistemas ScanEagle para vigilancia marítima, así como los Hermes 450 y Hermes 900— y está desarrollando plataformas locales, los analistas coinciden en que el beneficio diferencial del vínculo con Ucrania radica en potenciar su propia capacidad de innovación y en la generación de soluciones de bajo costo. Gorska enfatiza que el reto principal no es equiparar el volumen del parque de drones chino, sino reducir la brecha en conciencia situacional, asegurar las comunicaciones militares y acelerar el análisis de datos para la toma de decisiones operativas. Recuerda que Pekín sigue incorporando sistemas no tripulados en sus operaciones navales, incluidos los drones de reconocimiento de largo alcance BZK-005, lo que obliga a Manila a mejorar su velocidad en la obtención, procesamiento y utilización de información.
Los especialistas coinciden en que el resultado final de cualquier acuerdo entre Filipinas y Ucrania dependerá no solo del nivel tecnológico transferido, sino también de variables críticas como la disponibilidad de financiamiento, la madurez de las capacidades industriales locales, los mecanismos concretos de producción conjunta y la gestión de los derechos de propiedad intelectual. Solo bajo esas condiciones será posible construir una base nacional sostenible para el desarrollo autónomo de sistemas no tripulados, alejada de la mera adquisición tradicional de equipos extranjeros.
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