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El segundo día de la cumbre entre Trump y Xi en Pekín será clave para un acuerdo, con profundas diferencias sobre Taiwán e Irán.

El segundo y último día de la cumbre de Pekín entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, se presenta como una prueba de fuego para la posibilidad de alcanzar un acuerdo concreto, según un informe del diario "The Wall Street Journal". Tras la fachada de lujo y cordialidad que dominó el encuentro, subyacen divergencias fundamentales en los objetivos de cada parte respecto a la cumbre y su visión general de las relaciones bilaterales.
Los dos líderes llegan a la jornada final con posturas notablemente opuestas. Está previsto que se reúnan el viernes para tomar té, seguido de un almuerzo de trabajo, y que Trump abandone Pekín al mediodía. Antes del segundo día, Trump intentó en una publicación en redes sociales minimizar sus diferencias con Xi, ignorando declaraciones previas del líder chino sobre el declive de Occidente.
Los comunicados de prensa, redactados con cuidado, evitaron mencionar las disputas directas del primer día. Sin embargo, la declaración de la Casa Blanca calificó la jornada como un "reajuste comercial práctico", mientras que Pekín la presentó como el inicio de un marco de "estabilidad estratégica" plurianual, un intento de Xi por asegurar un comportamiento más estable de Trump durante el resto de su mandato y más allá.
La Casa Blanca destacó las oportunidades para las empresas estadounidenses en el mercado chino y las inversiones chinas en Estados Unidos. El comunicado también incluyó compromisos conjuntos sobre la necesidad de "mantener abierto el estrecho de Ormuz" y de que Irán no posea "un arma nuclear". Por el contrario, el comunicado chino hizo hincapié en la gestión de diferencias y en establecer límites a la competencia para construir una relación estable e integral, resaltando un marco estratégico destinado a frustrar a las fuerzas que abogan por una postura más dura hacia China.
Según el periódico, esta disparidad es el indicio más claro hasta ahora de cómo Xi Jinping manejará el resto del mandato de Trump: comprometiéndolo públicamente a la moderación estadounidense, sin aranceles sorpresivos, sanciones imprevistas ni provocaciones en las líneas rojas de Pekín. El informe señala que esta es una política exitosa en Pekín, ya que, mientras la economía local sufre por el débil consumo y el exceso de capacidad industrial, Xi puede presentar una relación más fluida con Estados Unidos como un factor compensatorio ante el creciente descontento en los sectores inmobiliario, laboral y financiero.
Durante la cena oficial, Trump calificó las conversaciones de "muy positivas" e invitó a Xi a realizar una visita de Estado a Washington el 24 de septiembre.
El mensaje de Xi Jinping sobre Taiwán emergió con gran claridad en medio de los debates sobre estabilidad, buscando socavar el apoyo estadounidense a la isla democrática autónoma que Pekín pretende anexionar. Xi fue directo con Trump, afirmándole que Taiwán es "el asunto más importante" y advirtiéndole de que, si no se maneja "correctamente, los dos países chocarán, colocando a toda la relación entre Estados Unidos y China en una situación extremadamente peligrosa".
Los analistas consideran que Pekín intenta definir los términos de la relación entre las dos superpotencias vinculando explícitamente Taiwán al marco bilateral. Daniel Kritenbrink, ex alto diplomático estadounidense y actual socio del Grupo Asia en Washington, dijo, refiriéndose a la estrategia de Xi: "No se puede tener una estabilidad estratégica constructiva y una mala gestión de Taiwán al mismo tiempo. No les daremos ambas cosas". Y añadió: "Volverán a esto cada vez que no estén satisfechos con alguna acción de Estados Unidos, y dirán: miren, han hecho algo que socava el acuerdo entre los dos líderes".
Trump no hizo comentarios públicos sobre la declaración de Xi acerca de Taiwán cuando los periodistas le preguntaron. La Casa Blanca insistió, en presentaciones previas de la agenda de la cumbre, en que la política estadounidense hacia la isla no cambiaría. Por su parte, Taipéi expresó cierto alivio por lo que consideró los resultados de la cumbre en Pekín. Liang Wen-chieh, vicepresidente del Consejo de Asuntos del Continente de Taiwán, declaró: "Todos temían que las fuertes demandas de China perjudicaran a Taiwán. No hemos oído nada de eso... hasta ahora".



