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Más peligroso que la peste: virus antiguos ocultos bajo el hielo
La muerte de una técnica de laboratorio rusa en Siberia reaviva las alertas sobre patógenos antiguos atrapados en el permafrost y los riesgos del cambio climático.

La muerte de una técnica de laboratorio rusa en circunstancias misteriosas ha vuelto a poner el foco sobre posibles riesgos sanitarios en Siberia, ante las advertencias sobre patógenos antiguos atrapados en el hielo.
El fallecimiento de Daria Shchipelova, de 28 años, técnica de laboratorio en un instituto especializado en investigación de la peste en Siberia, ha suscitado interrogantes sobre la posible aparición de una nueva amenaza sanitaria en Rusia, especialmente tras la difusión de informes locales no confirmados que sugieren que podría haber contraído la peste neumónica.
Según un artículo publicado por Bloomberg News por la autora Lara Williams, experta en temas de cambio climático, unas 200 personas que estuvieron en contacto con la fallecida fueron aisladas, según informaron las autoridades rusas.
La peste neumónica es una de las formas más graves de la enfermedad, causada por la bacteria Yersinia pestis cuando infecta los pulmones, y puede resultar mortal si no se trata rápidamente con los antibióticos adecuados.
Por su parte, la versión oficial rusa sostiene que la muerte de Shchipelova fue consecuencia de una neumonía de origen desconocido, y comunicó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no se han registrado casos de peste en la zona.
La organización internacional solicitó información adicional para evaluar la situación sanitaria, mientras que la demora en responder a sus consultas generó inquietudes sobre la transparencia de los datos disponibles. El artículo cita a la OMS calificando esta demora como inaceptable, señalando que carece de datos suficientes para realizar una evaluación integral del riesgo.
El informe también menciona declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre una próxima conversación con su homólogo ruso Vladímir Putin para abordar el incidente, mientras persisten las dudas sobre la naturaleza de la posible infección y las circunstancias que rodearon la muerte.
Williams considera que la preocupación no se limita solo a la sospecha de peste, sino que se extiende al suelo permanentemente congelado de Siberia, conocido como «permafrost», que podría conservar material biológico y patógenos antiguos durante largos periodos.
A medida que aumentan las temperaturas debido al cambio climático, crecen los temores de que partes de este suelo se derritan, lo que podría exponer restos humanos y animales, así como material biológico preservado en entornos extremadamente fríos.
La autora citó el hallazgo de ADN del virus de la viruela en una momia de unos 300 años de antigüedad, junto con el descubrimiento de material genético del virus de la gripe en el pulmón de un cadáver enterrado desde 1918.
Estos ejemplos ilustran la capacidad de las condiciones frías para preservar ciertos vestigios biológicos durante mucho tiempo, aunque no implican necesariamente que todos los patógenos antiguos recuperen su capacidad de causar infecciones al quedar expuestos.
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