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Las tensiones entre EE.UU. e Irán escalan mientras crecen los temores de que la infraestructura digital global, especialmente los cables submarinos, sea un blanco en un conflicto híbrido.

La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán no da tregua, en medio del estancamiento de las negociaciones. El presidente estadounidense, Donald Trump, rechazó una contrapropuesta iraní a su plan para un acuerdo, según reportó el medio griego "Banking News". La falta de avances en las conversaciones mantiene en vilo los próximos pasos de ambas capitales.
En este clima, las advertencias sobre una posible expansión del conflicto en Oriente Medio hacia la infraestructura digital global se han intensificado. El foco está puesto en los cables submarinos, la columna vertebral de las comunicaciones y la economía mundial, ante el temor de que puedan sufrir ataques que afecten el tráfico de internet y las transacciones financieras internacionales.
En una entrevista televisiva, Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses podrían atacar "cualquier objetivo" dentro de Irán en un plazo de dos semanas. Sostuvo que Teherán ha sido "derrotada militarmente" y calificó la respuesta iraní a la propuesta de Washington como "inaceptable". Además, criticó a la OTAN, tildándola de "tigre de papel".
Los cables submarinos se han convertido en un objetivo potencial en los patrones de guerra híbrida de los últimos años. Su función es vital: transportan más del 99% del tráfico mundial de datos digitales y respaldan transacciones financieras diarias valoradas en billones de dólares.
La red de cables submarinos se extiende por más de 1,5 millones de kilómetros, formando la base de internet a través de más de 500 cables comerciales gestionados por empresas y alianzas internacionales. Aunque tienen una alta capacidad para transmitir datos a gran velocidad, siguen siendo susceptibles a daños o interrupciones.
Los inicios de esta red se remontan a 1988, con la puesta en marcha del primer cable de fibra óptica transoceánico. Desde entonces, se ha expandido para incluir rutas que conectan continentes, aumentando la dependencia global de este tipo de comunicaciones.
En los últimos años se han registrado cortes y daños en algunos cables submarinos. Por ejemplo, las perturbaciones en el Mar Rojo provocaron una ralentización de los servicios de internet en varios países, generando acusaciones mutuas sobre la responsabilidad de actores regionales en esos incidentes.
Más de 20 cables submarinos principales atraviesan el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo. Esto convierte a la región en un punto neurálgico para el flujo de datos entre Asia, Europa y África, y aumenta los temores sobre el impacto que cualquier escalada militar podría tener en la infraestructura digital global.
A pesar de las tensiones geopolíticas, las inversiones internacionales y regionales en proyectos de nuevos cables y centros de datos para reforzar la infraestructura digital no cesan.
Diversos informes advierten de que un ataque deliberado contra estos cables podría desencadenar perturbaciones masivas en internet, los servicios financieros y la nube. También podría afectar las comunicaciones militares en ciertas zonas, todo ello en un contexto donde no existe un marco internacional unificado para proteger esta infraestructura crítica.



