Líbano
El nuevo gobierno conservador en Colombia enfrenta desafíos complejos para combatir el tráfico de cocaína, poniendo a prueba la estrategia de Donald Trump en América Latina.

La batalla del presidente estadounidense Donald Trump contra las drogas en América Latina ya no se limita a derrocar gobiernos de izquierda y promover a aliados de derecha al poder; su proyecto en Colombia enfrenta ahora un desafío más complejo, ya que no basta con cambiar al presidente para secar una de las principales fuentes de cocaína que fluye hacia Estados Unidos.
Este realismo se impone con la llegada al poder en Colombia del aliado de Trump y candidato de derecha, Gustavo Petro, tras una campaña electoral que colocó la restauración del orden público y la guerra contra las drogas en el centro de sus prioridades, y criticó duramente a la administración anterior del presidente de izquierda, Gustavo Petro, acusándola de laxitud frente a las pandillas de drogas o de fracaso al contener su expansión.
Expertos hablaron con Al-Araby Al-Jadeed y señalaron que el cambio de identidad política en Bogotá podría no ser suficiente para alterar la ecuación de la cocaína, ante una red compleja donde se entrelazan la siembra de drogas, las bandas armadas, los intereses económicos y las extensiones transfronterizas.
"Seguridad por la fuerza"
El investigador sobre asuntos de América del Sur, el doctor Hassen Zayn, considera que la llegada de un nuevo presidente revive la teoría de "seguridad por la fuerza", una aproximación que coincide con la visión de Trump sobre América Latina, aunque su aplicación en Colombia tropieza con profundas complejidades políticas y de seguridad.
Dijo a Al-Araby Al-Jadeed que la oposición colombiana no se mueve desde un solo centro, sino que está distribuida entre múltiples fuerzas y corrientes, lo que complica su manejo y coloca al nuevo gobierno frente a frentes divergentes.
Señaló también la expansión de la siembra de cocaína en el país en años recientes, considerando que el tamaño de la problemática la convierte en algo más que un simple cambio político en la cúpula del poder, especialmente con la inyección de grandes sumas de dinero por parte de Washington dentro de su estrategia de seguridad para combatir las drogas.
Según Zayn, Estados Unidos ve a Colombia junto con Brasil, Argentina y México como países capaces de cambiar el equilibrio de poder en América Latina, lo que hace que lo ocurra en Bogotá forme parte de un conflicto regional más amplio entre derecha e izquierda.
Agregó que Trump lidera un movimiento para restablecer a la derecha en el escenario latinoamericano y crear un entorno político más cercano a Washington, por lo que resulta difícil separar los cambios en Colombia del conflicto político en Brasil o los desarrollos en Venezuela y Cuba.
¿Terminará el tráfico de cocaína?
A pesar del discurso duro del nuevo gobierno, Zayn descarta un cambio radical y rápido en la siembra y el tráfico de cocaína, argumentando que la economía ligada a las drogas ha superado hace tiempo los límites de las pandillas tradicionales.
Advierte que las redes de intereses vinculadas a este comercio tienen extensiones fuera de Colombia, mencionando interferencias con figuras influyentes dentro de la sociedad estadounidense, e insinuando vínculos con personas relacionadas con instituciones estadounidenses, incluida la CIA.
No hay pruebas independientes presentadas por el experto que confirmen estas acusaciones, pero, según su lectura, reflejan el grado de entrelazamiento que hace que erradicar el tráfico de cocaína sea mucho más complicado que simplemente cambiar de gobierno o lanzar una campaña de seguridad amplia.
Votar por el castigo
Por su parte, el experto en relaciones latinoamericanas Ali Farhat considera que el panorama político en América del Sur no está gobernado por reglas populares fijas de derecha o izquierda, destacando que el electorado tiende a responsabilizar al gobierno actual y otorgar una oportunidad a nuevas caras cuando los gobiernos fallan en cumplir sus promesas.
Dijo a Al-Araby Al-Jadeed que De La Espriella aprovechó las deficiencias que acompañaron la experiencia de Petro, aunque este último tuvo éxito en abordar parte de los temas internos, su proyecto chocó con una estructura política y soberana con la que Colombia no estaba acostumbrada.
Según Farhat, Washington trató la experiencia de Petro como un cambio que afecta su influencia tradicional en un país históricamente ligado a relaciones estrechas de seguridad y política con Estados Unidos, por lo que ejerció presiones políticas, económicas y de seguridad para contrarrestar sus tendencias.
Pero el problema que espera a la derecha, según el experto, radica en el aspecto social; pues amplias capas de la población latinoamericana tienden a programas centrados en salud, educación y mejora del nivel de vida, mientras que la reducción de estos temas podría abrir nuevamente el camino a la izquierda.
No cambiará mucho
Farhat duda de la capacidad del nuevo cambio político para provocar un verdadero giro en el tráfico de drogas, considerando que el vínculo entre el ascenso de la izquierda y la expansión del tráfico de cocaína se utilizó, en parte, como arma en el conflicto político contra el gobierno de Petro.
Argumenta que el tráfico de cocaína ha permanecido activo durante etapas tanto de gobiernos de derecha como de izquierda, por lo que la llegada de una administración conservadora no significa automáticamente una reducción en las operaciones de producción y tráfico.
Estima que el cambio más significativo en la próxima fase será la ampliación del papel de Estados Unidos en la esfera interna colombiana, tanto política como militarmente, bajo el lema de "combate a las drogas".
Así, Trump se encuentra frente a una paradoja difícil: su aliado logró acceder al poder en uno de los países más importantes de América Latina, pero la verdadera batalla comienza después de las urnas, donde las raíces de la economía de la cocaína se extienden mucho más allá del palacio presidencial en Bogotá.



