Líbano
El bloque "República Fuerte" reafirma que el objetivo nacional es establecer un Estado soberano que controle el monopolio de las armas y ponga fin a los conflictos armados.

El bloque "República Fuerte", en sus ramas parlamentaria, ministerial y ejecutiva del partido Fuerzas Libanesas, celebró una reunión extraordinaria bajo la presidencia de Samir Geagea, líder del partido, y emitió un comunicado con varios puntos clave.
En primer lugar, los asistentes ratificaron que el objetivo nacional esperado por los libaneses desde el fin de la guerra civil en 1990 es la creación de un Estado efectivo en Líbano, que se rija por la Constitución y las instituciones legítimas, posea el monopolio exclusivo de las armas, garantice la seguridad fronteriza y tenga la autoridad exclusiva sobre las decisiones de guerra y paz. Desde entonces, las Fuerzas Libanesas han defendido esta postura, y su presidente junto a sus militantes y otros defensores de la soberanía han sufrido detenciones, persecuciones y marginación debido a la insistencia de ciertos poderes en mantener a Líbano fuera de un Estado plenamente soberano. El bloque subrayó que este objetivo nacional no cambiará pese a las variaciones en las circunstancias, ya que la cuestión fundamental sigue siendo restaurar a Líbano como un Estado soberano, libre e independiente, y no como un terreno abierto para conflictos y guerras ajenas.
En segundo lugar, los participantes consideraron que cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán es un asunto bilateral que no afecta directamente a Líbano. El alto el fuego contemplado en dicho acuerdo es general y se refiere a la región de Oriente Medio, sin repercusiones prácticas en el territorio libanés, dado que el conflicto en Líbano involucra a Israel y no a Estados Unidos. Además, la experiencia del alto el fuego de principios de abril, que se aplicó en el Golfo, no se tradujo en Líbano. Según el bloque, la mención del alto el fuego en Líbano por parte de Irán en el acuerdo busca únicamente brindar un respaldo verbal a Hezbolá para continuar sus combates en función de sus objetivos.
Por otra parte, el bloque enfatizó que lo que el pueblo libanés necesita no es solo un cese de hostilidades que mantenga el statu quo, donde Irán y Hezbolá son elementos centrales, sino la finalización completa de las guerras sucesivas que han devastado y empobrecido al país. Para ello, es imprescindible resolver la existencia de grupos armados ilegales, encabezados por Hezbolá.
En tercer lugar, el bloque reafirmó que su confianza principal reside en el Estado libanés y sus instituciones constitucionales. En este sentido, valoraron las decisiones históricas adoptadas por el gobierno libanés destinadas a extender su autoridad plena sobre todo el territorio nacional, incluyendo las resoluciones del 5 y 7 de agosto para desarmar a Hezbolá, así como las del 2 de marzo para disolver las estructuras militares y de seguridad vinculadas al partido. Insistieron en la necesidad de implementar estas decisiones, especialmente una vez que se inicie el cese de hostilidades. Asimismo, apoyaron todas las iniciativas políticas, diplomáticas y negociadoras emprendidas por las autoridades constitucionales para consolidar la soberanía libanesa y restaurar el pleno papel del Estado.
En cuarto lugar, el bloque señaló que el grupo que se ha identificado con la resistencia es el mismo que ha sumido a Líbano en un ciclo de guerras y conflictos, atrayendo intervenciones militares israelíes debido a su persistencia en mantener armas ilegales y decisiones de guerra y paz fuera de las instituciones constitucionales. Este grupo también ha impedido oportunidades históricas para afirmar la soberanía estatal tras la retirada israelí en 2000 y la salida del ejército sirio en 2005, devolviendo al país a una serie de guerras y crisis, desde la guerra de julio de 2006 con sus grandes pérdidas, hasta las operaciones denominadas "Apoyo a Gaza" y "Apoyo a Teherán", que causaron tragedias y daños sin precedentes para Líbano y su población.
En quinto lugar, los asistentes destacaron que, por primera vez en décadas, el Estado libanés cuenta con una oportunidad real para recuperar su rol completo. Actualmente existe un presidente de la República, un primer ministro, una mayoría ministerial, parlamentaria y popular interconfesional que comparte un objetivo común: establecer un Estado efectivo y eliminar toda forma de dualidad política y militar. Por ello, cualquier intento de obstaculizar o eludir este proceso está condenado al fracaso, ya que la voluntad popular unificada es mucho más fuerte que cualquier proyecto sectario o armado.
En sexto lugar, el bloque rechazó categóricamente cualquier intento de vincular el futuro de Líbano con el eje iraní. Líbano no puede ser un apéndice de proyectos externos ni un escenario para saldar cuentas ajenas, sino que debe estar exclusivamente ligado a su Constitución, sus instituciones legítimas y su interés nacional supremo.
En séptimo lugar, renovaron su respaldo total al proceso negociador encabezado por el presidente Michel Aoun, en coordinación con el primer ministro Nawaf Salam, considerando que esta es la única vía para superar las guerras en Líbano y alcanzar un Estado efectivo que recupere las relaciones árabes e internacionales del país.
En octavo lugar, el bloque sostuvo que el cese de hostilidades debe aprovecharse para completar la extensión de la autoridad estatal sobre todo el territorio y concentrar las armas en manos del Estado, al tiempo que se implementan las resoluciones de Washington, que son las únicas que conducirán a la retirada israelí de los territorios libaneses, consolidando así la soberanía nacional de manera definitiva e irreversible.
Finalmente, los participantes afirmaron que la demanda principal y última de los libaneses es cerrar definitivamente el capítulo de las guerras. El único camino para lograrlo es eliminar todas las situaciones ilegales que generan estos conflictos, especialmente la condición militar y de seguridad de Hezbolá, y erradicar los factores que han mantenido a Líbano durante décadas como un campo abierto para las disputas regionales. Aunque el cese de hostilidades es una necesidad urgente para detener la muerte y la destrucción, la prioridad nacional mayor es eliminar las causas que provocan la reanudación de las guerras. La única vía clara para ello es la creación de un Estado real y efectivo, que monopolice las armas, la decisión y la soberanía en todo su territorio.