Líbano
El rechazo de Hezbolá a entregar Ali al-Taher atrae a 'Vitaut' hacia el Líbano
El rechazo de Hezbolá a entregar la colina de Ali al-Taher ha generado tensiones crecientes entre Israel y el Líbano, mientras las negociaciones en Roma permanecen sin avances. Las presiones diplomáticas y militares se intensifican ante el riesgo de un escalado regional.

Entre el fuego del sur y la niebla de Roma, y las salas cerradas del Consejo de Seguridad, el Líbano enfrenta una prueba que podría definir el rumbo de la próxima etapa: ¿logrará la diplomacia contener el frente, o impondrá este último sus condiciones en la mesa de negociaciones? El escalada israelí y la intransigencia de Hezbolá han convertido las alturas de Ali al-Taher en un nudo que resume, en una misma área geográfica, los temas del armamento, la retirada, la presencia del ejército libanés y la interrupción de operaciones militares, mientras la nueva ronda de negociaciones en Roma sigue en curso desde septiembre, esperando que Washington fije su fecha.
En este contexto, informaciones de "Nidaa al-Watan" indican que las gestiones encabezadas por el presidente Joseph Aoun, coordinadas con el presidente del Parlamento Nabih Berri, quien también entró en escena sobre el tema de Ali al-Taher, para convencer a Hezbolá de retirarse de la colina y entregarla al ejército libanés, no han dado resultados hasta ahora.
Por ello, las fuentes consideran que la persistente pasividad de Hezbolá y su falta de cooperación con el Estado libanés anuncian un posible escalada israelí progresiva que podría ir más allá de Ali al-Taher, extendiéndose incluso hacia Jabal ar-Raihan y Sajd, si la cuestión no se resuelve.
Las fuentes añadieron que el lado israelí ya no está dispuesto a hacer nuevos sacrificios mientras el Estado libanés, desde su perspectiva, no haya tomado aún medidas concretas y serias sobre el desarme de Hezbolá. Esto coloca a Beirut ante una fase más difícil, donde se entrelazan las presiones estadounidenses con las amenazas israelíes y los esfuerzos del Estado por evitar que el frente se desborde hacia un conflicto más amplio.
En el terreno, el escalada israelí en el sur se acelera, con la continuidad y expansión de las operaciones militares. En este marco, la portavoz del ejército israelí, Ila Wawer, anunció a través de la plataforma "X" que "las fuerzas de la unidad de combate del batallón Golani continúan operando en la zona de seguridad del sur del Líbano para eliminar amenazas", destacando que "durante las últimas semanas, las fuerzas destruyeron más de 400 infraestructuras terroristas, incautaron diversos medios de combate, incluidos misiles antitanque y antiaéreos, bombas caseras, armas y morteros".
Este estancamiento en el terreno se refleja directamente en el proceso negociador, ya que, según las fuentes, explica la ausencia de una fecha límite para la próxima ronda de conversaciones en Roma, así como el obstáculo para acordar una comisión de verificación y nuevas zonas modelo.
Paralelamente a estos nudos tácticos y negociadores, la atención se centra en lo que podrían decidir las consultas cerradas que el Consejo de Seguridad de la ONU realiza sobre el Líbano, a solicitud de Francia, titular del pincel sobre el tema libanés, en una sesión que abordará el futuro de la UNIFIL.
En Beirut, reina la preocupación en el Estado libanés de que el tiempo disponible antes del retiro de las fuerzas de la UNIFIL sea insuficiente para elaborar una alternativa viable y garantizar una transición fluida hacia nuevas disposiciones de seguridad en el sur. Como ya se sabe, Tel Aviv apoya la creación de una fuerza europea-internacional sustituta, pero desea una fuerza con poderes claros y efectivos, capaz de desempeñar un papel directo en el proceso de desarme de Hezbolá. Por el contrario, Hezbolá, junto con Irán, prefiere una fórmula más cercana al modelo de la UNIFIL, es decir, una presencia internacional con poderes y efectos limitados.
No obstante, el margen para buscar una solución intermedia parece estrecho, ante el veto estadounidense decisivo que rechaza reproducir la experiencia anterior de la UNIFIL, ya sea mediante una prórroga de su mandato o mediante una fuerza sustituta que mantenga la misma aproximación. Fuentes estadounidenses citadas por "Nidaa al-Watan" afirman que incluso el mandato reciente de la fuerza internacional se ha debilitado debido a la incapacidad del Estado libanés para ejercer pleno control sobre su territorio, ya que no se han completado las operaciones de despliegue prometidas para unos 15 mil soldados del ejército, y, según estas fuentes, tampoco se han presentado solicitudes de asistencia de la UNIFIL para asegurar las fronteras. Como resultado, no se ha consolidado una verdadera colaboración entre el ejército libanés y la fuerza internacional, mientras el sur permanece escenario abierto para consolidar el influjo de Hezbolá.
Mientras el ámbito internacional busca la fase posterior al fin del mandato de la UNIFIL, el papel del ejército libanés sigue siendo la base fundamental de cualquier fórmula futura. En este marco, el presidente Joseph Aoun presentó al jefe del ejército, el general Rudolph Hikkel, la situación de seguridad en el país en general y en el sur en particular, a la luz de la continuación de los ataques israelíes contra pueblos y ciudades del sur. Asimismo, Hikkel informó al presidente Aoun sobre los resultados de su visita a Italia y las conversaciones mantenidas con autoridades italianas.
La visita de Hikkel a Baabda adquiere una dimensión adicional a la víspera de la conferencia convocada por Francia, en coordinación con Jordania, el 17 de septiembre, para respaldar al ejército libanés, en un momento en que aumenta la apuesta internacional en fortalecer sus capacidades y permitirle ampliar su despliegue y asumir responsabilidades más amplias. Sin embargo, los resultados de la conferencia próxima dependen, según una fuente bien informada, de la capacidad del Estado para presentar modelos prácticos que demuestren que el fortalecimiento del ejército va acompañado de una expansión real de su autoridad sobre el terreno.
Desde aquí surge nuevamente la cuestión de Ali al-Taher. Si el Estado logra convencer a Hezbolá de entregar el sitio al ejército, el Líbano podrá ir a París con una hoja de resultados que presentar a los donantes. Pero si Ali al-Taher permanece fuera del control de la legitimidad representada en el terreno por el ejército libanés, y al mismo tiempo se bloquea el acuerdo sobre zonas modelo y mecanismos de verificación, el Líbano podría enfrentar la pregunta inversa: ¿por qué incrementar el apoyo al ejército si el Estado es incapaz de permitirle ejercer su autoridad en las zonas que deberían estar bajo su responsabilidad de seguridad?
"Nidaa al-Watan"
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