Salud
Expertos alertan que ciertos hábitos alimenticios cotidianos incrementan el riesgo de desarrollar enfermedades del hígado, incluso sin consumo excesivo de alcohol.

Especialistas señalan que la dieta diaria se ha convertido en uno de los principales factores que amenazan la salud del hígado, incluso en personas que no consumen alcohol o lo hacen en cantidades bajas.
Con el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, los expertos advierten sobre el incremento en las tasas de enfermedad hepática grasa metabólica, que podría afectar a cerca de 1.800 millones de personas en el mundo para el año 2050 si no cambian los estilos de vida y los hábitos alimentarios.
El peligro de esta enfermedad radica en su desarrollo silencioso durante años, ya que no presenta síntomas evidentes en sus primeras etapas, lo que provoca que se detecte solo después de que el hígado ha sufrido daños. Si no se trata, puede evolucionar hacia inflamación crónica, fibrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
No obstante, los especialistas destacan que el hígado tiene una gran capacidad de recuperación si la enfermedad se detecta a tiempo y se modifican los hábitos de vida, especialmente la alimentación.
Los expertos consideran que los alimentos ultraprocesados constituyen el mayor riesgo para la salud hepática, ya que suelen contener edulcorantes artificiales, conservantes, emulsionantes y sabores añadidos, además de elevadas cantidades de grasas, azúcares y calorías.
Según Siggi Clavin, fundador de la "Clínica del Hígado", el problema no solo está en los ingredientes de estos alimentos, sino también en la facilidad con la que se pueden consumir en exceso, lo que conduce a la acumulación de grasa en el cuerpo y afecta principalmente al hígado.
Clavin añadió que la incorporación de miles de sustancias químicas procesadas en la alimentación desde la década de 1970 ha coincidido con un aumento significativo en los casos de enfermedad hepática grasa.
Los peligros no se limitan a los refrescos azucarados, ya que estudios indican que las bebidas bajas en calorías o endulzadas artificialmente también pueden estar vinculadas a un mayor riesgo de enfermedad hepática grasa.
Además, el consumo excesivo de jugos de frutas y batidos puede incrementar la carga sobre el hígado debido a su alto contenido de fructosa, que se metaboliza principalmente en este órgano.
Los especialistas aconsejan reducir el consumo de carnes procesadas, como salchichas y embutidos, debido a los conservantes que contienen, como las nitratos, que aumentan la carga hepática.
En cuanto a la carne roja, se recomienda su ingesta moderada y preferir las variedades bajas en grasa, ya que las grasas saturadas pueden contribuir a inflamaciones crónicas si se consumen en exceso.
Por ello, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido sugiere no superar los 70 gramos diarios de carne roja y procesada.
El alcohol continúa siendo una sustancia tóxica para el hígado, y su riesgo se incrementa cuando se mezcla con refrescos o bebidas azucaradas, o cuando se toman analgésicos como el paracetamol después de su consumo, lo que representa una carga adicional para el hígado.
Seguir una dieta mediterránea es una de las mejores opciones para mantener la salud del hígado, ya que se basa en verduras, frutas, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, alimentos ricos en fibra, antioxidantes y grasas saludables que ayudan a reducir la inflamación y la grasa hepática.
También hay estudios que indican que el consumo regular de café puede disminuir el riesgo de cáncer de hígado y otras enfermedades hepáticas, atribuible a sus compuestos biológicamente activos y antioxidantes que contribuyen a limitar la fibrosis y la inflamación.
Las enfermedades hepáticas ya no afectan solo a quienes abusan del alcohol, sino que son más comunes entre personas con obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión. Además, factores genéticos pueden influir en la aparición de la enfermedad en individuos delgados.
Los expertos señalan que aproximadamente el 80% de los pacientes con enfermedad hepática grasa desconocen su condición debido a la ausencia de síntomas en etapas tempranas, por lo que la detección precoz y el cambio en el estilo de vida son las estrategias más importantes para prevenir y limitar las complicaciones.
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