Salud
Un estudio con 203 participantes revela que los niveles altos de ansiedad y la baja confianza en el control personal obstaculizan la reducción del consumo de azúcar.

Abandonar el hábito de consumir azúcar resulta más complejo para quienes presentan niveles elevados de tensión y ansiedad. Esta conclusión proviene de una investigación liderada por Riemke Beiker, especialista en el departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad Tecnológica de Auckland.
Beiker detalló que existen dos variables adicionales que incrementan el reto de dejar este ingrediente. Por un lado, las personas que ingerían cantidades mayores de azúcar antes de iniciar el proceso de abstinencia enfrentaron obstáculos más severos. Por otro, aquellos que carecían de confianza en su capacidad para regular su propio consumo también experimentaron mayor dificultad para renunciar a él.
La investigadora, junto con su equipo, monitoreó a 203 voluntarios durante un periodo de dos semanas mientras intentaban eliminar el azúcar de su dieta. La dinámica de recolección de datos exigía que los participantes informaran al grupo de investigación cinco veces cada día sobre tres aspectos específicos: si habían consumido azúcar, la intensidad de su antojo por dulces y su estado emocional en ese momento.
Los hallazgos indicaron que los individuos que reportaron tener niveles superiores de estrés y ansiedad antes de comenzar el intento de dejar el azúcar fueron propensos a desarrollar una cantidad mayor de síntomas negativos durante el proceso. Este patrón sugiere que el bienestar psicológico previo juega un papel determinante en la viabilidad de cambiar hábitos alimenticios arraigados.



