Salud
Descartar la yema reduce drásticamente la ingesta de vitamina D, nutriente liposoluble concentrado en esta parte del huevo.

El huevo destaca entre los pocos alimentos que contienen vitamina D de forma natural, lo que permite incorporarlo fácilmente a la dieta para cubrir parte de las necesidades diarias. Una sola unidad aporta aproximadamente el 6% de la cantidad recomendada de este micronutriente, esencial para reforzar el sistema inmunológico, facilitar la captación de calcio y mantener la integridad ósea.
La eficiencia con la que el organismo aprovecha este beneficio depende directamente de cómo se consuma el producto. Existe un error frecuente que compromete la ingesta: eliminar la yema durante la preparación o el servicio. La mayor parte de la vitamina D presente en el huevo reside precisamente en esa porción amarilla, donde se acumulan también la mayoría de las grasas naturales del alimento.
Cada huevo contiene alrededor de 1,2 microgramos de vitamina D, equivalente a 49 unidades internacionales. Dado que se trata de una sustancia liposoluble, la presencia de lípidos resulta crucial para su correcta asimilación intestinal. Por consiguiente, optar únicamente por la clara implica desperdiciar la fracción más significativa del nutriente disponible en el producto.
Respecto a la cocción, la evidencia científica sugiere que añadir grasas externas como aceite de oliva no garantiza un incremento demostrable en la absorción de la vitamina contenida en la yema, aunque sí puede aportar otros beneficios dietéticos derivados de los ácidos grasos saludables.
Un estudio limitado indica que la técnica culinaria influye en la retención final del compuesto. Los huevos revueltos y los hervidos sin cáscara conservaron más del 90% de su contenido vitamínico tras el calentamiento. En cambio, los cocidos con cáscara mantuvieron entre un 80% y un 85%, mientras que los fritos retuvieron porcentajes inferiores, situados entre el 70% y el 78%.
No obstante, estos datos requieren una interpretación cautelosa. La investigación empleó muestras fortificadas artificialmente con vitamina D y midió la cantidad residual después de cocinar, no la proporción real absorbida por el cuerpo humano. Esta distinción metodológica limita la extrapolación directa de los resultados a la práctica diaria.
Aunque el huevo contribuye al aporte de este nutriente, su consumo aislado no satisface los requerimientos diarios completos. Para equilibrar la dieta, conviene incluir otros alimentos ricos en vitamina D, como el salmón, la trucha, la leche de vaca, las bebidas vegetales enriquecidas y los cereales de desayuno fortificados.



