Salud
Un estudio global advierte sobre los efectos negativos a largo plazo del uso de pantallas en bebés y niños menores de dos años.

Una investigación reciente ha alertado sobre los peligros que implica la exposición de bebés y niños menores de dos años a cualquier tipo de pantalla, recomendando evitar su uso durante esta etapa crítica del desarrollo.
Este estudio, considerado la revisión más exhaustiva a nivel mundial en este ámbito, señala que el uso de pantallas en los primeros años de vida puede asociarse con diversas consecuencias negativas a largo plazo, tales como retrasos en el desarrollo del lenguaje, trastornos del sueño, problemas oculares y un aumento en la probabilidad de obesidad.
El informe insta a los gobiernos a reevaluar las directrices vigentes sobre el uso de pantallas en niños menores de cinco años. Actualmente, las recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría aconsejan evitar el contacto con pantallas en menores de dos años, pero estas pautas son ampliamente incumplidas durante los primeros 1001 días de vida, que abarcan desde el embarazo hasta los dos años de edad.
Las nuevas directrices proponen evitar el uso de pantallas en niños menores de dos años, salvo en actividades compartidas que fomenten la interacción y el diálogo entre el niño y sus padres.
Los investigadores advierten que cualquier uso de pantallas en esta etapa puede relacionarse con problemas más amplios, incluyendo dificultades en la comunicación con los padres, menor juego con otros niños, mayor riesgo de sobreestimulación y dependencia de dispositivos para regular las emociones.
Raf Clayton, de la Universidad de Leeds, señaló que el uso de pantallas en menores de dos años representa una preocupación global que no ha recibido la atención suficiente, alertando sobre las posibles repercusiones para toda una generación y la calidad de vida futura.
Andrea Lidsom, fundadora de la iniciativa "1001 días cruciales", describió los hallazgos como una "alarma", resaltando que los beneficios de las pantallas para los bebés son limitados y que existen riesgos evidentes durante el periodo más sensible del desarrollo humano.
Lidsom enfatizó que no se debe cargar únicamente a los padres con la responsabilidad de esta problemática, dado que las pantallas forman parte integral de la vida cotidiana y muchas familias enfrentan estas dificultades sin el apoyo necesario. Además, pidió a las empresas tecnológicas asumir su responsabilidad y abstenerse de promover contenidos catalogados como aptos para bebés cuando la evidencia indica lo contrario.
El estudio también destaca que apoyar a los niños en esta etapa implica no solo reducir el tiempo frente a pantallas, sino adoptar alternativas eficaces como pasar tiempo al aire libre y en contacto con la naturaleza, evitar el uso de dispositivos durante las comidas, fomentar el juego con juguetes no digitales y promover la interacción directa con otras personas, debido a sus efectos positivos en el desarrollo social y físico.
Por otro lado, la revisión encontró una relación entre el uso de pantallas por parte de los padres y el aumento en el uso de estos dispositivos por parte de los niños, aunque subraya que no se debe culpar a las familias, considerando la omnipresencia de las pantallas en diversas actividades cotidianas como el trabajo, las compras, la educación, la salud y la comunicación social.
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