Salud
Un estudio reciente revela un aumento significativo en la prescripción de leucovorina en EE.UU., un fármaco promovido como posible tratamiento para el autismo pese a la falta de aprobación oficial y evidencia científica sólida.

La prescripción del medicamento leucovorina, también conocido como ácido folínico y una forma de vitamina B9, ha experimentado un crecimiento abrupto en Estados Unidos, según un análisis publicado en la revista JAMA Network Open. Este incremento coincide con una intensa cobertura mediática y declaraciones de figuras políticas que lo presentan como un tratamiento prometedor para el trastorno del espectro autista (TEA).
Originalmente, la leucovorina se utiliza para tratar deficiencias raras de ácido fólico en el cerebro y para mitigar efectos secundarios de ciertos tratamientos de quimioterapia. Sin embargo, hasta la fecha no cuenta con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) para su uso en el autismo.
El estudio, que analizó más de 300 millones de registros médicos, encontró que las recetas de leucovorina se mantenían estables en torno a 34 por cada 100,000 consultas médicas antes de enero de 2025. Tras un reportaje que destacó la mejora de un niño con autismo tratado con este medicamento, la tasa de prescripciones aumentó a 225 por cada 100,000 consultas en agosto del mismo año.
Posteriormente, declaraciones públicas de políticos impulsaron un nuevo salto, alcanzando más de 835 prescripciones por cada 100,000 visitas médicas en noviembre de 2025. Este fenómeno también estuvo acompañado por relatos individuales de niños que, según sus familias, mostraron avances significativos en habilidades comunicativas tras el tratamiento.
Joshua Rothman, investigador principal de la Universidad de California en San Diego, señaló que las familias de niños con autismo frecuentemente buscan alternativas para mejorar la comunicación y la calidad de vida, especialmente ante la escasez de tratamientos efectivos. Además, destacó cómo la influencia mediática y política puede modificar rápidamente las decisiones médicas, incluso antes de que existan pruebas científicas concluyentes sobre la eficacia y seguridad del medicamento.
A pesar de los testimonios alentadores, los expertos insisten en que la evidencia actual no es suficiente para confirmar que la leucovorina sea un tratamiento efectivo para el autismo. Subrayan la urgencia de realizar ensayos clínicos amplios que evalúen rigurosamente sus beneficios y riesgos.
Los autores del estudio advierten que la atención mediática y popular puede acelerar la adopción de terapias sin la validación científica necesaria, lo que podría generar expectativas infundadas y decisiones clínicas prematuras. Por ello, llaman a proporcionar información clara y basada en datos para que tanto familias como profesionales de la salud puedan tomar decisiones informadas sobre el manejo del autismo.



