Salud
Una investigación de seis años con 5.520 personas mayores de 50 reveló que la combinación de obesidad abdominal y niveles de vitamina D inferiores a 30 nmol/L eleva el riesgo de muerte en un 123 % frente a quienes no presentan ambas condiciones.

Un estudio conjunto liderado por científicos de la Universidad Federal de São Carlos, en Brasil, y del University College London, en el Reino Unido, ha identificado una interacción peligrosa entre dos factores comunes en adultos mayores: la obesidad abdominal y el déficit de vitamina D. La investigación, publicada en la revista *Diabetes, Obesity and Metabolism*, siguió a 5.520 personas mayores de 50 años durante seis años para evaluar su impacto conjunto sobre la mortalidad.
Los investigadores definieron la obesidad abdominal como un perímetro de cintura superior a 102 cm en hombres y a 88 cm en mujeres. Por su parte, consideraron déficit severo de vitamina D cualquier concentración sérica inferior a 30 nanomoles por litro (nmol/L). Los resultados mostraron que quienes presentaban ambas condiciones tenían un riesgo de muerte un 123 % mayor que los participantes sin obesidad abdominal ni déficit de vitamina D.
Cada factor actuó de forma independiente: la obesidad abdominal se asoció con un incremento del 47 % en el riesgo de muerte, mientras que el déficit de vitamina D elevó dicho riesgo en un 91 %. Sin embargo, cuando coexistían, el efecto no fue simplemente aditivo. El exceso de grasa visceral atrapa la vitamina D dentro de las células adiposas, reduciendo su disponibilidad en la circulación. Además, la obesidad disminuye la actividad de las enzimas responsables de su metabolismo, lo que limita su biodisponibilidad funcional.
La vitamina D desempeña un papel regulador clave en el sistema inmunitario y en la supresión de la inflamación. Su déficit, combinado con el aumento de la grasa intraabdominal, favorece un estado de inflamación crónica que acelera el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos y atrofia muscular. Estos efectos se intensifican progresivamente con la edad.
El equipo también reportó hallazgos previos vinculados al bajo nivel de vitamina D: disminución de la fuerza muscular, lentitud en la marcha, pérdida de autonomía para realizar actividades cotidianas, mayor probabilidad de deterioro de la memoria y de las funciones cognitivas. Asimismo, el nutriente participa en la regulación de la presión arterial, la función cardíaca, el sistema nervioso, la inmunidad y el sistema endocrino, lo que explica su influencia sobre múltiples funciones vitales.
Los autores concluyen que el control del perímetro de cintura y la vigilancia periódica de los niveles séricos de vitamina D constituyen intervenciones fundamentales para reducir el riesgo de muerte prematura en personas mayores de 50 años.
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