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Descubren el "interruptor" oculto que detiene la inflamación en el cuerpo

Investigadores de UCL identifican moléculas que regulan la inflamación y podrían abrir camino a nuevos tratamientos para enfermedades crónicas.

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Descubren el "interruptor" oculto que detiene la inflamación en el cuerpo
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El cuerpo humano libra batallas microscópicas constantemente, y un aspecto sorprendente no es cómo se inicia la inflamación, sino cómo esta sabe cuándo detenerse. Investigadores del University College London (UCL) han identificado un mecanismo poco explorado que funciona como un “interruptor” natural para apagar la inflamación, hallazgo que podría derivar en tratamientos para enfermedades como la artritis o las cardiopatías.

Publicado en Nature Communications, el estudio revela que un grupo de moléculas grasas producidas naturalmente, llamadas epoxi-oxilipinas, actúan calmando el sistema inmunológico antes de que la inflamación se descontrole. Estas moléculas bloquean la acumulación de células inmunitarias inflamatorias asociadas a enfermedades crónicas y daño tisular.

Mecanismos y riesgos de la inflamación prolongada

La inflamación es un proceso esencial que ayuda a combatir infecciones y reparar lesiones a corto plazo, pero cuando persiste durante meses o años, se convierte en un factor clave en enfermedades comunes como la diabetes, trastornos cardiovasculares, autoinmunes y neurodegenerativos como el Alzheimer.

El estudio se centró en una vía biológica poco estudiada que involucra enzimas llamadas citocromo P450, responsables de transformar ácidos grasos en moléculas señalizadoras denominadas epoxi-oxilipinas. Investigaciones previas en animales sugerían que estos compuestos podían reducir el dolor y la inflamación, aunque su función en humanos no había sido detallada.

Prueba clínica con inflamación controlada

Para explorar este mecanismo, los científicos indujeron una respuesta inflamatoria controlada en voluntarios sanos mediante inyecciones de bacterias E. coli muertas por luz ultravioleta en el antebrazo, provocando enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor similares a los de una infección o lesión.

Posteriormente, los participantes recibieron GSK2256294, un fármaco que bloquea la enzima epóxido hidrolasa soluble (sEH), encargada de degradar rápidamente las epoxi-oxilipinas. Al inhibir esta enzima, se incrementaron los niveles de estas moléculas protectoras producidas por el cuerpo.

El experimento evaluó dos situaciones: algunos voluntarios tomaron el medicamento antes de que comenzara la inflamación y otros después de que aparecieran los síntomas, simulando un tratamiento real.

Respuesta antiinflamatoria más selectiva

En ambos grupos, el fármaco aumentó significativamente los niveles de epoxi-oxilipinas clave, en especial la molécula 12,13-EpOME. Además, aceleró la resolución del dolor y redujo drásticamente la presencia de monocitos intermedios, células inmunitarias vinculadas a enfermedades inflamatorias crónicas.

Sin embargo, el medicamento no disminuyó de forma notable signos externos de inflamación como el enrojecimiento o la hinchazón. A diferencia de muchos antiinflamatorios que suprimen amplias áreas del sistema inmune y pueden dejar a los pacientes vulnerables a infecciones, esta vía parece limitar selectivamente la escalada dañina sin afectar las defensas normales.

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“Nuestros hallazgos revelan una vía natural que limita la expansión perjudicial de células inmunitarias y ayuda a calmar la inflamación más rápidamente”, explicó la Dra. Olivia Bracken, primera autora del estudio y miembro del Departamento de Envejecimiento, Reumatología y Medicina Regenerativa de UCL.

“Apuntar a este mecanismo podría conducir a tratamientos más seguros que restauren el equilibrio inmunológico sin suprimir la inmunidad general”.

El papel complejo de los monocitos en la inflamación

Los investigadores descubrieron que la 12,13-EpOME actúa interfiriendo con la vía de señalización celular p38 MAPK, que impulsa la transformación de monocitos hacia estados más inflamatorios. Al bloquear esta vía, los niveles de monocitos inflamatorios disminuyeron notablemente.

Además, el estudio reveló que los monocitos intermedios, a pesar de ser considerados dañinos por su elevación en enfermedades como artritis reumatoide, lupus, obesidad, VIH, enfermedad de Graves y tuberculosis, podrían tener un rol más complejo. A corto plazo, parecen apoyar ciertos linfocitos T involucrados en la reparación y regulación inmunitaria, pero si persisten demasiado tiempo, podrían contribuir al daño tisular crónico.

Esta dualidad podría explicar la dificultad para tratar la inflamación crónica.

“Este es el primer estudio que mapea la actividad de las epoxi-oxilipinas en humanos durante la inflamación”, afirmó el profesor Derek Gilroy, autor correspondiente y miembro de la División de Medicina de UCL.

“Al potenciar estas moléculas grasas protectoras, podríamos diseñar tratamientos más seguros para enfermedades impulsadas por inflamación crónica”.

Los autores consideran que estos hallazgos podrían abrir la puerta a nuevas terapias para la artritis reumatoide y las enfermedades cardiovasculares. Dado que GSK2256294 ya fue probado en humanos y mostró buena tolerancia, los ensayos clínicos futuros podrían avanzar con mayor rapidez que los de un medicamento completamente nuevo.

El estudio, financiado por Arthritis UK, contó con la participación de investigadores de UCL, King’s College London, Universidad de Oxford, Queen Mary University of London y el National Institute of Environmental Health Sciences de Estados Unidos.

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