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El telescopio James Webb detecta un tercer planeta gigante en Beta Pictoris mediante el análisis químico de su atmósfera.

El telescopio espacial James Webb de la NASA ha identificado un planeta gigante oculto en el sistema estelar Beta Pictoris al detectar moléculas en su atmósfera a través de un brillante disco de escombros.
Durante años, un tercer planeta gigante permaneció oculto dentro del polvo brillante que rodea Beta Pictoris, uno de los sistemas planetarios más estudiados en la Vía Láctea. Ahora, Webb ha revelado este mundo escondido mediante la observación de su firma química atmosférica.
Se sabía que la joven estrella alberga a Beta Pictoris b, uno de los primeros exoplanetas captados por imagen directa, y a Beta Pictoris c. La incorporación de Beta Pictoris d convierte a este sistema en el segundo conocido que tiene al menos tres planetas fotografiados. A diferencia de sus compañeros, el nuevo planeta fue detectado inicialmente por su firma química atmosférica en lugar de ser identificado como un punto de luz, lo que demuestra un método potencial para descubrir otros mundos difíciles de observar.
“Este hallazgo añade una pieza más a un sistema planetario ya fascinante”, afirmó Aidan Gibbs, autor principal del estudio publicado en Astrophysical Journal Letters y postdoctorado en la Universidad de California, San Diego. “Beta Pictoris ha servido durante mucho tiempo como laboratorio para entender la formación y evolución de sistemas planetarios, y ahora contamos con otro planeta que nos ayuda a contar esa historia”.
Beta Pictoris se encuentra a 63 años luz de la Tierra y tiene aproximadamente 23 millones de años. Su juventud y cercanía permiten a los astrónomos estudiar cómo interactúan los planetas recién formados con el disco de polvo y escombros remanente del sistema.
Los investigadores estiman que Beta Pictoris d tiene al menos el doble de la masa de Júpiter, siendo el menos masivo de los tres gigantes conocidos en el sistema. Los modelos sitúan su órbita a unos 30 unidades astronómicas de la estrella, una distancia similar a la de Neptuno en el sistema solar. Este planeta sigue la órbita más amplia de los tres, pero permanece dentro del límite interior del disco de escombros.
El equipo no buscaba un nuevo planeta, sino que utilizaba el espectrógrafo NIRSpec (Near-Infrared Spectrograph) de Webb para analizar la atmósfera de Beta Pictoris b cuando apareció la señal de Beta Pictoris d. La observación se basó en la Unidad de Campo Integral de NIRSpec, que captura una imagen mientras obtiene un espectro de cada píxel.
“No estábamos buscando un planeta nuevo”, explicó Gibbs. “Intentábamos comprender uno que ya conocíamos. Luego, apareció esta señal reveladora en los datos en un lugar inesperado”.
Donde la luz reflejada por el polvo debería haber generado un espectro uniforme, los científicos observaron picos y valles repetidos. Este patrón correspondía a líneas de absorción de monóxido de carbono, organizadas como un código de barras y características de las atmósferas de planetas gigantes.
La espectroscopía permite conocer tanto la composición química como el movimiento de un objeto. Midiendo la velocidad radial, el equipo concluyó que la velocidad, ubicación y alineación con el disco de escombros coincidían con un objeto orbitando Beta Pictoris. La evidencia descartó que se tratara de una estrella de fondo o una enana marrón con monóxido de carbono.
“Había una fuente inesperadamente brillante dentro de la imagen de la Unidad de Campo Integral, pero hemos aprendido a no confiar en manchas luminosas en las imágenes”, comentó Jean-Baptiste Ruffio, investigador principal de las primeras observaciones de Webb donde se realizó el hallazgo. “Podrían ser artefactos instrumentales o estructuras del disco. Al obtener un espectro simultáneamente con la imagen, pudimos confirmar rápidamente nuestras sospechas”.
Observaciones posteriores, solicitadas mediante tiempo discrecional del director, emplearon el instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) de Webb para detectar metano y vapor de agua. Estos compuestos confirmaron que el objeto era un planeta y aportaron más detalles sobre su atmósfera.
Al identificar el planeta por espectroscopía, los astrónomos pudieron comenzar a estudiar sus propiedades atmosféricas en la misma observación que lo descubrió.
“Un espectro contiene una cantidad increíble de información”, afirmó Ruffio. “No solo se aprende que algo es un planeta; se empieza a conocer su temperatura, química y movimiento”.
Un análisis independiente de imágenes, liderado por Ben Sutlieff de la Universidad de Edimburgo y Markus Bonse del Observatorio Europeo Austral, apoyó el descubrimiento. Este trabajo utilizó observaciones del Very Large Telescope y la cámara NIRCam de Webb para confirmar Beta Pictoris d por separado.
Beta Pictoris d permaneció sin ser detectado durante tanto tiempo porque se encuentra dentro de uno de los discos de escombros más brillantes observados por astrónomos.
El polvo dispersaba la luz de la estrella como una niebla, dificultando distinguir entre un planeta real y las características del disco. La técnica espectroscópica de Webb evitó en gran medida esta confusión al aislar las señales moleculares específicas producidas por la atmósfera planetaria.
Este planeta también podría explicar varias características inusuales del disco, como su límite interior definido con nitidez. Anteriormente, se había sugerido que un planeta invisible similar a Beta Pictoris d podría estar moldeando la estructura observada del disco.
El hallazgo no solo añade un planeta más al sistema Beta Pictoris, sino que también presenta una nueva estrategia para detectar exoplanetas en entornos donde el polvo u otras estructuras dificultan la imagen convencional.
Beta Pictoris d es el primer planeta captado directamente que se descubrió principalmente mediante espectroscopía de resolución moderada. Este resultado demuestra que las huellas atmosféricas pueden revelar planetas en sistemas visualmente complejos sin depender exclusivamente de imágenes coronográficas tradicionales.
Los investigadores continuarán analizando los datos de Webb para precisar la órbita, temperatura y composición atmosférica del planeta. Estas mediciones ofrecerán una visión más completa de uno de los sistemas planetarios jóvenes más conocidos en astronomía.
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