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Un equipo internacional de paleontólogos descubrió en Estados Unidos los restos de un cocodrilo bípedo del Triásico con características similares a dinosaurios carnívoros.

Un grupo internacional de científicos especializados en paleontología anunció el hallazgo de restos de un cocodrilo perteneciente al período Triásico en territorio estadounidense, que caminaba erguido sobre dos patas y presentaba rasgos semejantes a los dinosaurios carnívoros bípedos de eras geológicas posteriores.
Este reptil no tenía dientes, sino una estructura similar a un pico, según informó el servicio de prensa del Museo de Historia Natural de Los Ángeles.
El profesor Alan Turner, de la Universidad de Stony Brook en Estados Unidos, explicó que "durante el Triásico surgieron múltiples estrategias evolutivas nuevas que posteriormente dieron lugar a una gran variedad de animales actuales, aves y dinosaurios extintos, todas exitosas. En este sentido, la estrategia evolutiva única de estos antiguos cocodrilos, que caminaban erguidos, fue adoptada con éxito más adelante por numerosos dinosaurios y aves".
Turner y sus colegas localizaron los restos de este reptil, bautizado como Labrujasuchus expectatus, en excavaciones realizadas en la zona conocida como Rancho de los Fantasmas, uno de los yacimientos más reconocidos del Triásico en el estado de Nuevo México, Estados Unidos.
En esa misma área, a mediados del siglo XX, se encontró una fosa común de Coelophysis, considerada la primera especie de dinosaurio carnívoro bípedo terrestre capaz de correr rápido y cazar presas.
Los paleontólogos determinaron que el modo de locomoción similar era una característica distintiva de estos extraños cocodrilos bípedos que habitaron el sur de lo que hoy es Estados Unidos hace aproximadamente 212 millones de años, al final del Triásico.
Las particularidades anatómicas de estos reptiles, incluyendo la estructura de los huesos de sus hombros y extremidades, sugieren que representan "el eslabón perdido" en la evolución de los reptiles bípedos de la familia Shuvosauridae.
Los investigadores señalaron que la ausencia de diferencias significativas en la anatomía de Labrujasuchus expectatus respecto a otros cocodrilos shuvosaurios indica un ritmo evolutivo relativamente lento.
Además, esto sugiere la existencia de numerosas otras especies de cocodrilos bípedos del Triásico que aún no han sido descubiertas por la ciencia.



