Tecnología y ciencia
Un equipo japonés desarrolla cucarachas cyborg equipadas con sistemas electrónicos para tareas de búsqueda, rescate y exploración en ambientes difíciles.

Investigadores japoneses han avanzado en la integración de sistemas electrónicos diminutos en cucarachas vivas, combinando electrodos, sensores y unidades de control que permiten dirigir sus movimientos a distancia sin afectar su capacidad natural de desplazamiento.
Este desarrollo busca aprovechar la habilidad de estos insectos para moverse en espacios estrechos y terrenos irregulares, facilitando tareas complicadas para robots convencionales, como operaciones de búsqueda y rescate, inspección de infraestructuras y exploración de entornos peligrosos. Las investigaciones continúan para ampliar sus aplicaciones en el futuro.
El equipo liderado por Kinjirō Fukuda en el laboratorio de dispositivos delgados del Instituto RIKEN en Japón creó una unidad electrónica ultraligera que incluye células solares flexibles de apenas 4 micrómetros de espesor y una batería recargable pequeña. Esta unidad suministra energía para controlar y enviar señales, y está diseñada para montarse en el dorso de la cucaracha sin obstaculizar su movilidad ni reducir su eficiencia al desplazarse.
Este avance se basa en estudios previos realizados en la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, donde se desarrollaron cucarachas cyborg capaces de acceder a ambientes peligrosos o confinados con mayor eficacia que pequeños robots.
Fukuda señaló que una de las principales ventajas de estas cucarachas modificadas es que utilizan sus músculos naturales para moverse, por lo que la energía se consume únicamente en los sistemas de control. Esto contrasta con los robots pequeños, que agotan rápidamente sus baterías, otorgando a los insectos un tiempo prolongado para realizar labores de exploración y rescate.
La especie preferida para estos experimentos es la cucaracha hissing de Madagascar, debido a sus características biológicas que facilitan la integración con sistemas electrónicos. Su tamaño, que varía entre 7 y 10 centímetros, proporciona espacio suficiente para instalar sensores y componentes electrónicos, además de contar con una estructura robusta que soporta estos dispositivos y permite desplazarse en terrenos difíciles.
La ausencia de alas facilita la fijación de la unidad de control electrónica, conocida como "mochila", sin afectar su movilidad ni rendimiento durante las tareas. Asimismo, su esperanza de vida puede alcanzar hasta cinco años y posee la capacidad de reincorporarse rápidamente si queda volteada, cualidades que aumentan su confiabilidad para misiones prolongadas en entornos inaccesibles para robots tradicionales.
Un equipo dirigido por el profesor Hirotaka Sato desarrolló un traje de buceo miniaturizado para estas cucarachas, fabricado mediante impresión 3D, que les permite operar en ambientes sumergidos o con bajos niveles de oxígeno. Este traje incorpora un sistema químico que genera oxígeno al inyectar peróxido de hidrógeno para reaccionar con dióxido de manganeso, suministrando el gas directamente a las vías respiratorias del insecto.
Gracias a esta tecnología, las cucarachas cyborg pueden permanecer activas bajo el agua o en ambientes con escaso oxígeno durante hasta tres horas y a profundidades aproximadas de 50 centímetros, ampliando así las posibilidades de uso en lugares de difícil acceso.
Las investigaciones apuntan a utilizar estas cucarachas en diversas tareas que requieren movilidad en espacios reducidos y la capacidad de transportar pequeños sensores. En operaciones de búsqueda y rescate, pueden ser desplegadas en zonas de desastre, como edificios colapsados tras terremotos o áreas afectadas por inundaciones, para desplazarse entre escombros y grietas estrechas, equipadas con cámaras infrarrojas y sensores que facilitan la localización de personas atrapadas y la recopilación de datos inaccesibles para equipos de rescate o robots convencionales.
También se prevé su empleo en la inspección de infraestructuras, permitiendo revisar tuberías, túneles y espacios confinados para detectar corrosión o fugas, lo que contribuiría a acelerar las labores de mantenimiento y reducir riesgos.
A largo plazo, los científicos esperan adaptar esta tecnología para la exploración espacial, desarrollando cucarachas cyborg capaces de transportar sensores en superficies planetarias accidentadas, como Marte, y recolectar información en áreas inaccesibles para vehículos robóticos tradicionales.
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