Tecnología y ciencia
Un estudio documenta por primera vez que hormigas pequeñas usan las galerías excavadas por la broca del café como nidos para criar a su descendencia, revelando una interacción ecológica indirecta de construcción de nicho.

La broca del café, una plaga diminuta que se infiltra en el fruto del cafeto para alimentarse y reproducirse, está generando de forma involuntaria refugios ideales para sus propios depredadores: ciertas especies de hormigas. Esta dinámica, observada por primera vez en campo, muestra cómo los daños causados por la plaga pueden fortalecer poblaciones de sus enemigos naturales.
Jonathan “Jonno” Morris detectó este comportamiento mientras investigaba plantas de café en Chiapas, México. En 2016, durante un proyecto distinto en una finca orgánica sombreada gestionada por ecólogos de la Universidad de Michigan —Ivette Perfecto y John Vandermeer—, abrió frutos verdes atacados por la broca y encontró con frecuencia hormigas viviendo dentro de ellos. Guardó ejemplares en viales con la intención de estudiarlos más adelante. Años después, retomó el hallazgo y confirmó que se trataba de la primera evidencia documentada de que hormigas pequeñas se reproducen en espacios previamente excavados por la broca del café.
En 2025, Morris regresó a la misma finca acompañado de técnicos de investigación para recopilar más datos y obtener las primeras fotografías del fenómeno. Los resultados fueron publicados el 24 de julio de 2026 en la sección *The Scientific Naturalist* de la revista *Ecology*, bajo el título “Indirect niche construction: A coffee pest facilitates its own ant natural enemies”.
Las hembras de la broca del café perforan la superficie externa del fruto y excavan galerías internas donde ponen huevos. Las larvas se alimentan de la semilla —la futura alpiste de café—, lo que dificulta su control, ya que gran parte de su ciclo vital transcurre protegida dentro del fruto.
Algunas hormigas mayores cazan a los adultos antes de que ingresen al fruto, mientras que especies más pequeñas logran introducirse en las galerías y atacar a adultos, huevos, larvas y pupas. Morris observó que, tras expulsar o consumir a los escarabajos, ciertas hormigas limpiaban las cámaras dañadas, ampliaban las entradas y trasladaban allí a sus propias crías en desarrollo.
Registró siete especies de hormigas ocupando frutos previamente infestados, cinco de las cuales mostraron evidencia directa de reproducción en el interior. Entre ellas figuran la hormiga eléctrica (*Wasmannia auropunctata*) y especies de los géneros *Pseudomyrmex*, *Nesomyrmex* y *Procryptocerus*.
Los ecólogos califican esta interacción como una forma de construcción de nicho indirecta: un organismo modifica su entorno y otra especie se beneficia posteriormente del hábitat alterado. En este caso, la broca crea una cámara protegida; las hormigas desalojan o consumen al insecto y convierten la estructura en un sitio de anidación para sus propias crías.
Al anidar dentro del fruto del café, las hormigas permanecen cerca de zonas donde es probable que surjan nuevas infestaciones. Esa proximidad podría aumentar sus posibilidades de interceptar a brocas que intentan colonizar frutos adyacentes, reforzando así su papel como controladores biológicos naturales.
Morris destacó que, aunque el estudio no cuantifica la reducción real del daño a los cultivos, identifica un mecanismo potencial para mantener comunidades diversas de hormigas beneficiosas directamente sobre las plantas de café. “En términos de control de plagas, esto es principalmente algo positivo, porque favorece a las hormigas en cuanto a sus poblaciones y su aptitud biológica. Ellas obtienen un beneficio reproductivo que originalmente creó la plaga del café”, afirmó.
El hallazgo cuestiona la idea de que toda plaga debe eliminarse por completo para que un ecosistema funcione adecuadamente. Pequeñas poblaciones residuales de broca podrían servir simultáneamente como presa y como fuente de espacio de anidación para hormigas que ayudan a contener brotes mayores.
Morris subrayó también que descubrimientos científicos valiosos pueden surgir de observaciones simples en el campo. “Actualmente hay un énfasis de los financiadores en la inteligencia artificial y los grandes volúmenes de datos, pero antes de que existieran estas herramientas sofisticadas, las personas salían a la naturaleza, hacían observaciones y descubrían patrones”, señaló, citando a Charles Darwin y Alexander von Humboldt. “Pero si no hubiera financiación para la ciencia básica y para este tipo de observaciones, yo no estaría aquí hablando de ello”.
Este trabajo recibió apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) mediante su Programa de Becas Postdoctorales.
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