Tecnología y ciencia
Un estudio revela que las plantas perciben el ritmo de crecimiento de sus vecinas a través de compuestos químicos volátiles y ajustan su desarrollo o defensa.

Una investigación reciente ha demostrado que las plantas pueden "oler" la velocidad con la que crecen las plantas cercanas mediante la emisión de compuestos químicos en el aire, y en función de ello modifican sus estrategias de crecimiento o defensa.
Estos compuestos, conocidos como "compuestos orgánicos volátiles", son sustancias químicas que se evaporan en el aire. No son desconocidos para los humanos, ya que son responsables de los aromas agradables que percibimos en las flores y se utilizan en la fabricación de perfumes, cosméticos y alimentos. Sin embargo, su función principal en la naturaleza es la comunicación, ya que las plantas los emplean para interactuar con insectos, animales e incluso entre ellas mismas.
De manera simplificada, las plantas pueden "interpretar" las intenciones de sus vecinas a través de estos olores. Si detectan el aroma de una planta que crece rápidamente, aceleran su propio crecimiento para competir por la luz y el agua. En cambio, si perciben el olor de una planta de crecimiento lento, destinan su energía a fortalecer sus defensas contra insectos y herbívoros.
Hasta hace poco, los científicos creían que las plantas solo utilizaban estos olores en situaciones de peligro, como para enviar señales de alarma cuando una planta sufría daño. La nueva investigación, publicada en la revista Journal of Experimental Botany, revela que las plantas sanas y no infectadas también mantienen una comunicación constante, descrita como una "conversación continua entre vecinas" por el doctor Vilmer Ninkovic, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas.
Para confirmar esta hipótesis, el equipo realizó experimentos con tres variedades de cebada, uno de los cultivos agrícolas más importantes a nivel mundial: una variedad de crecimiento lento llamada Fairytale, otra de crecimiento medio llamada Luhkas y una tercera de crecimiento rápido llamada Salome. Expusieron las variedades de crecimiento lento y rápido a los olores emitidos por las tres variedades y esperaron 25 días para medir los resultados.
Los resultados fueron claros: las plantas expuestas al olor de una vecina de crecimiento rápido crecieron más, mientras que las que percibieron el aroma de una planta de crecimiento lento mostraron un desarrollo menor.
Además, este cambio se observó en todas las partes de la planta —hojas, tallos y raíces— y no se trató simplemente de un traslado de recursos internos, lo que confirma que la planta modificó completamente su estrategia de crecimiento.
Al analizar los genes implicados, los investigadores encontraron que la exposición al olor de la planta de crecimiento lento activaba genes relacionados con la defensa contra insectos y ralentizaba los genes de crecimiento. Por el contrario, oler la planta de crecimiento rápido invertía este patrón, priorizando el crecimiento por encima de la preparación defensiva.
Se identificaron con precisión los compuestos responsables de estas señales, entre ellos el linalol, presente en la lavanda, y el octanal, que se encuentra en los cítricos.
Los científicos consideran que este fenómeno podría estar presente en la mayoría de las especies vegetales tras millones de años de evolución, aunque la intensidad de la respuesta y los compuestos específicos pueden variar según la planta. Este hallazgo podría tener aplicaciones relevantes en la agricultura, mejorando la comprensión del comportamiento de los cultivos cuando se plantan juntos en los campos, lo que ayudaría a optimizar la producción agrícola.



