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Las toxinas de las cianobacterias se dispersan por el aire y amenazan la salud humana

Un estudio revela que las toxinas generadas por las cianobacterias pueden viajar por el aire, exponiendo a las personas a riesgos de salud más allá del agua contaminada.

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Las toxinas de las cianobacterias se dispersan por el aire y amenazan la salud humana
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Investigadores han descubierto que las toxinas producidas por las cianobacterias, también conocidas como algas verdeazuladas, no permanecen únicamente en las aguas contaminadas, sino que pueden desplazarse por el aire a grandes distancias.

Un estudio realizado por científicos del laboratorio de química cerebral en Wyoming, en colaboración con la organización sin fines de lucro Caloosa Waterkeeper, evidenció la presencia de toxinas generadas por estas bacterias en el aire de varias zonas del suroeste de Florida.

Las cianobacterias son organismos muy antiguos que contribuyeron hace miles de millones de años a la formación de una atmósfera rica en oxígeno. Sin embargo, el aumento de nutrientes como nitrógeno y fósforo en ríos y lagos, debido a escorrentías agrícolas o aguas residuales sin tratar, provoca su proliferación masiva y la liberación de toxinas potencialmente dañinas para la salud humana y animal.

Tradicionalmente, se consideraba que la exposición a estas toxinas ocurría principalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados, pero la investigación actual sugiere que la inhalación también representa una vía significativa de contacto.

Para confirmar esta hipótesis, los científicos desarrollaron un dispositivo portátil denominado ADAM, diseñado para recolectar muestras de aire a nivel de respiración humana mediante un filtro para partículas y un sistema específico para capturar toxinas disueltas en el aire.

Entre julio y diciembre de 2021, el equipo instaló estos aparatos en distintos puntos a lo largo del río Caloosahatchee inferior, en la reserva de Matlacha y en el club náutico de Cape Coral. Cada dispositivo operó durante 24 horas, mientras simultáneamente se tomaban muestras de agua en las mismas ubicaciones para realizar comparaciones.

Los resultados, publicados en la revista Toxins, detectaron la presencia del neurotóxico 2,4-DAB en todas las muestras de aire analizadas, aunque el 62 % de las muestras de agua no mostraron signos visibles de proliferación de cianobacterias o algas verdeazuladas.

Además, se identificaron otras toxinas en el aire en concentraciones bajas, y el veneno asociado al fenómeno del marea roja, conocido como brevotoxina, apareció en menos del 5 % de las muestras.

Los investigadores señalaron que la detección continua de estas toxinas en el aire, incluso sin un florecimiento evidente de algas, indica que las personas podrían estar expuestas de forma crónica a través de la respiración. Estas toxinas podrían provenir de fuentes distantes transportadas por aerosoles o de pequeñas cantidades de algas no visibles a simple vista.

El principal investigador, el doctor James Metcalf, comentó: "Podemos evitar consumir alimentos y agua contaminados, pero evitar la exposición a toxinas presentes en el aire es mucho más complicado".

Los análisis de agua revelaron una variedad de toxinas, incluyendo aquellas que afectan el hígado, el sistema nervioso y que irritan las vías respiratorias. Solo una muestra mostró niveles elevados de microcistina-LR, coincidiendo con un florecimiento visible de la cianobacteria Microcystis aeruginosa.

La exposición a las toxinas de las algas se ha relacionado con problemas de salud que van desde tos y irritación respiratoria hasta trastornos neurológicos. Actualmente, los científicos investigan si algunas de estas toxinas, como BMAA y microcistina, podrían estar vinculadas a enfermedades como el Alzheimer, Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica, aunque hasta ahora no existe evidencia concluyente de una relación causal directa en humanos.

Los expertos advierten que las personas con enfermedades respiratorias crónicas, como el asma, podrían ser las más afectadas por estas toxinas. Estudios previos han mostrado que la inhalación de ciertas toxinas relacionadas con la marea roja puede reducir la función pulmonar y agravar los síntomas.

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