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La tribu himba de Namibia conserva su limpieza personal sin bañarse con agua, utilizando un ritual de sauna de humo y un ungüento rojo que protege su piel.

La limpieza personal suele asociarse con el uso de agua y jabón, pero existe un pueblo que nunca ha utilizado agua para bañarse desde su nacimiento y, sin embargo, mantiene un aroma agradable y una piel saludable.
Este pueblo es el de los himba, que habita en la árida región de la reserva de Kunene, en el sur de África. La escasez de agua en esta zona llevó a esta comunidad a desarrollar un sistema único para mantener su higiene sin recurrir al agua, lo que ha despertado el interés de antropólogos y exploradores.
Al no utilizar agua, los himba emplean un método conocido como el "baño de humo", un ritual diario que se asemeja a una sauna tradicional. Para ello, en un pequeño recipiente de barro se coloca carbón encendido, sobre el cual se echan ramas y hojas secas de árboles de comifora, reconocidos por su fuerte aroma.
El individuo se inclina sobre el recipiente para exponerse al humo denso que emana, cubriéndose luego con una manta gruesa que impide la entrada de aire. La temperatura elevada provoca una sudoración intensa que abre los poros y limpia profundamente la piel de impurezas y toxinas, dejando una fragancia natural que perdura varias horas.
La limpieza mediante el humo se complementa con un segundo elemento distintivo en las mujeres himba: un recubrimiento corporal y capilar de color rojo oscuro. Este se elabora localmente moliendo ocre rojo, un tipo de arcilla rica en óxido de hierro, que se mezcla con grasa animal.
Esta mezcla actúa como una barrera protectora frente al entorno, funcionando como un filtro solar natural que evita quemaduras por el sol intenso, además de hidratar la piel y prevenir su resequedad y agrietamiento. También tiene propiedades repelentes de insectos y evita la emisión de olores corporales desagradables.
Los himba, también llamados ovahimba, viven en un aislamiento voluntario para preservar sus tradiciones y creencias, aunque mantienen una actitud amistosa hacia los visitantes, a quienes ofrecen comida y celebran con collares de cuentas los nacimientos.
Su economía se basa principalmente en la ganadería, especialmente el pastoreo de vacas, y la gestión de estas actividades recae en gran medida en las mujeres. Ellas se encargan de tareas exigentes como recolectar leña, asegurar el suministro de agua potable, preparar alimentos, elaborar artesanías y construir viviendas de barro.
Esta comunidad demuestra que adaptarse a condiciones extremas no implica renunciar a la higiene ni a la identidad cultural, sino que puede inspirar soluciones ingeniosas que combinan elementos naturales como el polvo y la arcilla para crear una estética singular que atrae la atención de quienes la conocen.
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