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El número de burros en Egipto se ha desplomado de tres millones a un millón, según el Sindicato de Agricultores, que alerta sobre la demanda china de sus pieles.

La población de burros en Egipto ha sufrido una caída drástica, pasando de aproximadamente tres millones de ejemplares a solo un millón en la actualidad. Así lo denunció Hussein Abu Sadam, presidente del Sindicato de Agricultores de Egipto, quien advirtió que la especie podría desaparecer por completo del país si las autoridades no intervienen para regular la situación.
Abu Sadam explicó que, a nivel mundial, se estima que existen unos 40 millones de burros, una cifra que también está en declive continuo. Señaló que, pese a que Egipto lidera actualmente el mundo árabe en número de estos animales tras ciertos cambios regionales, la pérdida local es alarmante.
El dirigente sindical vinculó esta disminución con la creciente demanda internacional, especialmente desde China, de pieles de burro. Estas pieles se utilizan en la fabricación de medicamentos y cosméticos de alto valor comercial. Según Abu Sadam, mientras un burro vivo se vende en Egipto por entre 15.000 y 20.000 libras egipcias, su piel sola puede alcanzar un precio de 25.000 a 40.000 libras en los mercados exteriores, llegando a duplicar el valor del animal entero. Esta diferencia de precio, afirmó, ha fomentado la matanza ilegal en varias regiones.
Abu Sadam mencionó que, aunque existe una regulación legal para la exportación de cueros que permite enviar cantidades limitadas cada año bajo controles veterinarios, se han detectado operaciones de sacrificio clandestino. Puso como ejemplo un caso reciente descubierto en el centro de Al-Adwa, en la provincia de Menia.
El presidente del sindicato atribuyó el desplome poblacional a varios factores. El principal es la mecanización agrícola: el uso creciente de mototaxis, triciclos y tractores ha reemplazado al burro en tareas de transporte y labranza. A esto se suma el encarecimiento de los piensos, que hace que criar burros sea menos rentable que criar vacas o búfalos.
Otros elementos que agravan la situación, según Abu Sadam, son la falta de atención veterinaria adecuada, el descuido de algunos criadores y la baja tasa de reproducción, consecuencia de la escasa demanda de burros vivos.
El dirigente hizo un llamamiento para proteger a estos animales, considerándolos un recurso esencial en las zonas rurales y de terreno accidentado donde la maquinaria moderna no puede operar. Insistió en la necesidad de proporcionar apoyo veterinario y de concienciar sobre su valor tanto económico como social.
El burro, un símbolo histórico de la vida agrícola egipcia, se enfrenta hoy a una amenaza existencial que combina el avance tecnológico, las presiones económicas globales y, de forma destacada, el apetito del mercado chino por su piel.