Cultura y sociedad
Estudios recientes sugieren efectos modestos de la creatina como complemento en tratamientos para la depresión, pero la certeza de la evidencia es muy baja y los beneficios cognitivos permanecen inconsistentes.

La creatina, tradicionalmente vinculada al rendimiento físico y al desarrollo muscular, está siendo objeto de creciente interés en neurociencia y psiquiatría por su potencial influencia en la salud mental. Su mecanismo biológico se basa en la regeneración del trifosfato de adenosina (ATP), la principal fuente energética celular, y aunque la mayor parte del reservorio corporal se localiza en el músculo esquelético, el cerebro también posee un sistema propio de creatina.
Esta característica ha llevado a investigadores a explorar si incrementar la disponibilidad de creatina podría modular procesos relacionados con el estado de ánimo y la cognición. No obstante, la mera existencia de un fundamento biológico no implica que su administración produzca efectos clínicos significativos en personas. La pregunta central sigue siendo si dicho mecanismo se traduce en mejoras observables y reproducibles en ensayos controlados.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en diciembre de 2025 integró 11 ensayos aleatorizados con un total de 1.093 participantes. En conjunto, la suplementación con creatina se asoció con una reducción promedio de 2,2 puntos en la Escala de Valoración de la Depresión de Hamilton de 17 ítems. Este cambio se sitúa por debajo del umbral de tres puntos considerado mínimamente importante desde el punto de vista clínico.
Los autores calificaron la certeza de la evidencia como “muy baja” y destacaron heterogeneidad sustancial entre los estudios. Su conclusión fue explícitamente cautelosa: el efecto real podría ser pequeño o incluso nulo. Por ello, aunque la creatina resulta un candidato interesante para investigación adicional, no cumple los criterios para ser clasificada como un antidepresivo.
Algunos hallazgos más alentadores provienen de estudios que evalúan la creatina no como monoterapia, sino como complemento a tratamientos establecidos. Un ensayo aleatorizado de 2025 analizó la administración oral de creatina monohidrato junto con terapia cognitivo-conductual (TCC) en pacientes con depresión. Los resultados indicaron una posible mejora en la respuesta a la TCC, aunque los investigadores calificaron el estudio como generador de hipótesis y subrayaron la necesidad de ensayos mayores y de mayor duración antes de emitir conclusiones definitivas.
Esta distinción es fundamental: si la creatina demuestra utilidad clínica en el futuro, su rol probable será el de un tratamiento adjunto, no el de una alternativa independiente a las intervenciones validadas.
En 2024, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) emitió una evaluación en la que concluyó que la evidencia disponible era insuficiente para establecer una relación de causa y efecto entre la suplementación con creatina y la mejora de la función cognitiva. Esta conclusión no descarta necesariamente un efecto, sino que señala la ausencia de datos robustos y consistentes que respalden tal afirmación.
Las discrepancias entre estudios podrían deberse a factores como las características de los participantes, las condiciones bajo las cuales se evaluó la cognición —por ejemplo, durante privación de sueño o en poblaciones mayores—, o variables dietéticas y los niveles basales de creatina. Sin embargo, ninguna de estas hipótesis cuenta con confirmación empírica suficiente.
La creatina ocupa una posición particular entre los suplementos estudiados para la salud mental: su perfil de seguridad es ampliamente documentado y su tolerabilidad es generalmente buena cuando se usa de forma adecuada. No obstante, su historial favorable en términos de seguridad no fortalece la evidencia específica sobre sus efectos en la depresión o la cognición.
Para ciertas personas, un suplemento puede percibirse como una opción más aceptable que un medicamento psiquiátrico, en parte debido al estigma asociado a estos últimos. Esa preferencia es comprensible, pero no convierte al suplemento en una alternativa con mayor respaldo científico. Hasta la fecha, los datos indican beneficios modestos en depresión —especialmente como complemento— y efectos cognitivos inconsistentes. Esto justifica la continuación de la investigación, pero no legitima su uso como tratamiento para la depresión ni como potenciador cognitivo generalizado.



