Cultura y sociedad
Un estudio vincula la dieta mediterránea con mejor bienestar psicológico en personas mayores de 50 años, incluso durante la pandemia de COVID-19.

Los beneficios del régimen mediterráneo van más allá de la protección cardiovascular, extendiéndose al equilibrio mental, especialmente en personas mayores. Una investigación reciente encontró una relación significativa entre seguir esta dieta y niveles elevados de bienestar psicológico en individuos mayores de 50 años, evidenciando una mejora clara en la calidad de vida mental independientemente de factores económicos, sociales o del estado de ánimo general.
Este estudio fue realizado por un equipo conjunto de la University College London y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), cuyos resultados se publicaron en la revista «BMJ Open». Los investigadores analizaron datos de 3.296 participantes con edades entre 50 y 90 años, pertenecientes principalmente al estudio longitudinal inglés sobre el envejecimiento. Entre 2018 y 2019, se registraron sus hábitos alimenticios mediante una plataforma electrónica donde anotaban sus comidas diarias, mientras que su estado psicológico fue evaluado a través de cuestionarios periódicos hasta 2020.
Este trabajo se diferenció de investigaciones previas al centrarse en aspectos positivos del bienestar mental, más allá de la detección de depresión o enfermedades físicas. Se midieron dimensiones como la sensación de control sobre la propia vida, la autonomía, la capacidad de disfrute y autorrealización, la existencia de objetivos claros, niveles de energía y una visión optimista del futuro. Los resultados indicaron que el seguimiento de una dieta basada en verduras, frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva incrementa significativamente estos indicadores psicológicos, incluso tras controlar variables como el nivel económico o antecedentes de trastornos mentales.
La relevancia científica del estudio se extendió a periodos de crisis, mostrando que la caída habitual en la salud mental durante la pandemia de COVID-19 y los confinamientos fue menos pronunciada en quienes mantuvieron la dieta mediterránea. Esto sugiere que dicho patrón alimentario puede actuar como un mecanismo protector frente a las tensiones y los impactos externos.
La investigadora principal, Camille Lassale, recomendó interpretar los hallazgos con cautela, dado que el diseño observacional del estudio no permite afirmar una relación causal definitiva. No obstante, destacó que el seguimiento durante la pandemia añadió robustez y credibilidad a los resultados. Lassale señaló que los componentes nutricionales de esta dieta contribuyen a regular funciones esenciales del organismo, como la supresión de inflamaciones, la mejora de la salud intestinal, el fortalecimiento de las funciones cerebrales y la modulación de la respuesta al estrés.
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