Cultura y sociedad
Un análisis de datos de 5.686 adolescentes de unos 14 años reveló que quienes juegan en promedio 3,1 horas diarias presentan, en promedio, una corteza cerebral más delgada y con menor superficie en ciertas regiones.

Un estudio publicado en la revista *NeuroImage* identificó diferencias estructurales en la corteza cerebral de adolescentes asociadas al tiempo dedicado a los videojuegos. Los investigadores observaron que, en promedio, los participantes que pasaban más horas jugando mostraban una corteza más delgada y una superficie cortical reducida en varias áreas.
La corteza cerebral es la capa externa del cerebro y desempeña funciones clave en el pensamiento, el lenguaje y la atención. Durante la adolescencia, su espesor y su superficie experimentan cambios naturales como parte del proceso madurativo. Estos ajustes incluyen un adelgazamiento fisiológico temprano seguido de una reorganización neuronal orientada a mejorar la eficiencia funcional.
Los científicos analizaron información de 5.686 participantes del proyecto estadounidense ABCD, todos con una edad aproximada de 14 años. Cada uno fue sometido a resonancia magnética estructural y respondió cuestionarios sobre sus hábitos de juego. El tiempo medio diario reportado fue de 3,1 horas.
Las asociaciones variaron según la categoría de videojuego. Las partidas individuales se relacionaron con una superficie cortical menor en zonas vinculadas al lenguaje, la comunicación y la regulación emocional. En contraste, no se hallaron diferencias estadísticamente significativas entre los jugadores de títulos en línea tras controlar otros factores. Por su parte, los juegos con clasificación por edades se asociaron frecuentemente con una corteza más delgada en redes implicadas en la atención, así como en el procesamiento de señales sociales y emocionales.
Los autores subrayan que los resultados reflejan correlaciones estadísticas, no relaciones causales. Es posible que las características preexistentes del cerebro influyan en las preferencias lúdicas, y que las diferencias observadas sean pequeñas y compatibles con patrones normales de desarrollo. El equipo de la Universidad de California en San Francisco continuará el seguimiento longitudinal de los adolescentes para determinar qué factor — uso de videojuegos o rasgos neurobiológicos previos — emerge primero en la secuencia temporal.



